NUESTRO AMOR NO ES TAN SÓLO DE UN DÍA

Décimo evento del grupo Escribiré poesía para ti.

NUESTRO AMOR NO ES TAN SÓLO DE UN DÍA

Nuestro amor no es tan sólo de un día. Vos misma lo dijiste. Nuestros cuerpos se encendieron durante interminables noches en busca del calor del otro, atizados por la llama de la pasión, que ardía incandescente en nuestro interior. Nos incendiamos con nuestro propio fuego, cual dioses insaciables ávidos de deseo, y dimos rienda suelta a nuestros instintos sin pensar en el mañana, gozando cada instante de algo que nos parecía eterno.

No había manera de aplacar la sed de nuestras bocas, que jadeantes codiciaban cada una el dulce néctar de la otra y se unían en largos besos, sólo separadas para recobrar un poco de aliento, mientras nuestras lenguas bailaban entrelazadas una lasciva danza. Escuchaba hechizado tus suaves suspiros mientras mis labios rozaban los tuyos, cuando besaba tus mejillas y empezaba a morder tu cuello, al tiempo que mis manos se incrustaban en tus oscuros y rizados cabellos. Vos te dejabas llevar, una vez prendida la mecha, y suspirabas mientras iba devorando cada poro de tu piel, al tiempo que una de mis manos jugueteaba con tus pechos. Gemías con los ojos cerrados, arrebatada por el deseo, y yo me lanzaba con mayor fuerza en pos de tu cuerpo, avaro de la sabrosa ambrosía de tus rosados senos, de la deliciosa guinda de tus oscuros pezones erectos. Tras degustar tus suaves frutas descendía a la blanca llanura de tu vientre y me demoraba en las arenas de tu sinuosa playa, asomado a tu acantilado, a tu vertiginosa pendiente, antes de aplacar mi sed en tu océano, en tu manantial de aguas cristalinas, y me enardecía en medio de tus espasmos. Finalmente cabalgaba sobre tu cintura, agitado el volcán de mis adentros, que apagaba la abrasadora lava en tus sagradas aguas.

Nuestro amor no era tan sólo de un día, pero tampoco fue eterno. Y hoy no sé qué es lo que más me duele, que se haya terminado o que no haya sido tan fugaz; pues lo que un día comenzó como un juego se convirtió en algo más serio. Pasó el tiempo, y sin yo percibirlo fuiste labrando el terreno; plantaste la semilla en mi triste corazón, y poco a poco fue creciendo un tierno sentimiento. Es por ello que ahora ya no puedo vivir sin vos, pues cada uno de tus besos era portador del mortífero veneno, y ahora sin vos muero. Vos sos la única que puede liberarme de esta terrible condena; la única que puede cortar las férreas cadenas que oprimen a mi desamparada alma y sacarme de este lóbrego mundo de tinieblas, cruel y agónico sepulcro; la única que puede devolverme la dicha, hacer que el sol vuelva a brillar y caldear mis huesos; la única que puede iluminar mi camino, la dueña de mi destino; la única que posee el antídoto para curarme de esta irremediable muerte en vida, si me devolvés tu amor, si volvés a ser mía. Porque, vos lo dijiste, nuestro amor no es tan sólo de un día.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad.

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