UN SUEÑO

UN SUEÑO

Un sueño. Sólo fue un sueño. Ahí yacías, tendida, rendida, tiernamente abrazada al plácido lecho, plenamente entregada en manos del perezoso Morfeo, que con sus delicadas artes te había seducido y te había llevado a sus apartados dominios, cautivado a su vez por tus irresistibles encantos. Ahí estabas, postrada en la cama, apresando pasionalmente tu sueño, que a su vez te envolvía amorosamente, atrapada por el agradable y embriagador canto de las musas, que, amantes de tu sublime pluma y subyugadas por el arte de tu bella poesía, te acogían en su regazo para darte el descanso deseado.

Unos metros me separaban de ti. De pie en el umbral de la puerta, te contemplaba absorto, ensimismado, acaso hechizado por tu hermosa imagen de linda sirena. Ahí estabas, tapada por las sábanas, recostada sobre el lado izquierdo. Tu larga y oscura melena se alborotaba; los rebeldes rizos te caían graciosamente por la cara y me vetaban tus doradas mejillas; las cubrían con su negro manto y me negaban esa piel tostada y sedosa donde quisiera posar mis traviesos dedos, siquiera para tocar por unos segundos tu rostro. Con los párpados cerrados me privabas de la poderosa mirada de tus preciosos ojos pardos; de esa exquisita miel que deseo devorar cada vez que clavo en ellos mis pupilas. Pero la imagen que ahora se me ofrecía era una expresión serena y calmada, tranquila, relajada. Como esos delicados y sabrosos labios carmesí, entornados, dormidos, que tantas veces me habían devuelto la paz con su voz suave y melódica, lindo susurro que se mezclaba con el viento para rozar mis oídos como un placentero cosquilleo. Con tus manos estrechabas la almohada en otro pasional gesto, que me revelaba sin impedimentos la bondad de tu espíritu, de ese gran corazón que late con fuerza en tu pecho, alma pura y romántica, como los versos que hábilmente trazas sobre el glauco lienzo.

Ahí, de pie en el umbral de la puerta, te observaba con religiosa devoción, temeroso de que el menor movimiento delatara mi presencia y te despertara de tu letargo. Sueño que hubiera querido que hubiera sido eterno, si con ello hubiera podido adorarte y protegerte, velarte en tu descanso, aún a costa de renunciar al mío, para poder compartir tu sueño, y hacer de los dos el nuestro.

Pero de nuevo el destino se burló de mí; los dioses me nublaron la conciencia y me enviaron tu deliciosa imagen, efímero reflejo de mis tan codiciados anhelos, para dejarme con un sabor amargo al despertar de tan hermoso sueño; al regresar a la realidad y comprender que no había velado por tu reposo ni tan sólo un segundo, más que en la divina morada de Morfeo. Entonces entendí que a partir de ese momento te buscaría ahí todas las noches.

Un sueño. Sólo fue un sueño. Pero… ¡Qué sueño!

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad.

2 comentarios en “UN SUEÑO

  1. Muchas gracias, Bea. La imagen de tranquilidad que transmite alguien en la paz del sueño, en especial una mujer, desde mi punto de vista un heraldo de los dioses, es muy tierna. siempre me ha gustado.
    Te dejo un gran abrazo.

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