INFINITY DREAMS AWARD

INFINITY DREAMS AWARD

 

Mi amiga Bea me ha nominado para este premio. Os recomiendo a tos entrar en su blog, si no lo conocéis, porque vale la pena. Es una poeta realmente buena; la pasión se desliza a través de su pluma y sus versos penetran dulcemente el alma.

https://boleroenlamadrugada.wordpress.com/

Aclaro que no sabía sobre qué escribir. Es el inconveniente de tener tema libre. Pensé en repetir su temática, pero no quería copiar. Además: si tuviera que hablar sobre mis defectos creo que me daría para una tesis.

En su lugar, por fortuna, escarbando en el baúl de los recuerdos hallé una anécdota de mis años de estudiante que creo que os puede gustar. Ahí va:

LA PERRA

Ocurrió hace más de diez años. Por entonces yo aún vivía en el pueblo, y cogía el tren entre semana para venir a la capital, pues eran mis años de estudiante universitario. Pero siempre he sido muy nervioso, y me gustaba estar en la estación minutos antes de que llegara el ferrocarril, en previsión de algún incidente. En una de esas ocasiones, en los meses de primavera, cuando empezaba a hacer calor, mientras ojeaba mis apuntes sentado en un banco, vi un perro pequeño; tenía el pelo negro y liso, y miraba con cara de desconcierto. Empleo aquí la palabra perro, porque el masculino se emplea como genérico, aunque tras los pertinentes análisis de rigor deduje que era una hembra. Debía de estar abandonada o perdida; no recuerdo si tenía collar o no. Quienes me conocen saben de mi amor por los animales. En cuanto la vi tan menuda y con esa carita de pena empecé a acariciarle el lomo.

El problema era que debía irme. Cuando llegó el tren me apresuré a despedirme de mi amiga y subí al vagón. Mas, para mi sorpresa, vino detrás de mí. ¡La primera vez que una hembra me hacía caso! Ahora bien: ello también me puso en un pequeño compromiso, pues no era mía, y no tenía con qué atarla para que no molestara a los pasajeros. Por suerte en aquella época los revisores ya se estaban extinguiendo; pero me dio la impresión de que los viajeros -la mayoría a esas horas eran estudiantes- me acusaban con la mirada; y a pesar de que me adelanté a cualquier reproche diciendo que no era mía, noté que en mi frente se dibujaba la mancha de la culpa.

Sin embargo, a pesar de mi inocencia, no podía evitar sentirme responsable de aquella pobre criatura indefensa. Fue por ello que al acabar el trayecto decidí llevarla a casa de unos tíos, antes de ir a la universidad, para que me ayudaran a encontrar a alguien que quisiera hacerse cargo de ella. Parecía una tarea fácil -y para otro seguramente lo habría sido-, pero no para mí. Como ya he dicho, no llevaba nada para atarla. Mi constitución física, además, es muy débil, raquítica. Traté de cogerla en brazos, pero pesaba mucho para mí, y al cabo de pocos minutos tenía que dejarla en el suelo para descansar, antes de volver a cogerla unos metros más adelante. La pobre estaba cada vez más aturdida; yo trataba de llamarla para que me siguiera, y durante un buen rato conseguí que me hiciera caso, pero más de una vez se me heló la sangre al llegar a un semáforo. Esto no es el pueblo; es una ciudad grande, donde la gente conduce estresada.

Finalmente llegamos a la altura de un puente que comunica por unas escaleras con una boca de metro y con el jardín por donde tanto me gusta pasear y donde suelo escribir -que es donde ahora estoy recordando esta anécdota-. Ahora que lo pienso, no sé por qué no cogí el metro desde el principio. Seguramente por las dificultades que habría tenido para explicar la situación; y ya lo había pasado bastante mal en el tren. El caso es que entonces una mujer de cabello moreno y liso descendía las escaleras. La perra, cada vez más asustada, había perdido la confianza en mí, y me ignoraba cuando la llamaba. En medio de su desconcierto, tomó las escaleras camino del río. Sabía que no se dejaría coger de nuevo, de modo que sólo me quedaba hablarle para que me siguiera. Con palabras cariñosas le dije: Ven, guapa. Ven conmigo. Para mi sorpresa la mujer se detuvo, se giró estupefacta y me miró a través de sus oscuras gafas de sol con semblante serio. Me adelanté a deshacer el posible malentendido antes de que el rubor incendiara mis mejillas: No, no, usted no. Le decía a la perra. Automáticamente regresó sobre sus pasos. Ignoro si el sentimiento de estupefacción que sintiera al principio se trocó en otro de despecho tras oír mi aclaración. No volví a ver a la perra. A la mujer, tampoco.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad.

Perdón. Había olvidado las nominaciones. No sé dónde tengo la cabeza. Pido disculpas. Voy a ello:

emocionesenletras.wordpress.com

saragrafias.wordpress.com

proyectseven.wordpress.com

salafrancablog.wordpress.com

poetasnuevos.wordpress.com

licconsuegra.wordpress.com

enmismemoriasrebeldess.wordpress.com

juniorprimero.wordpress.com

ojosdeescarcha.wordpress.com

paoccontreras.wordpress.com

14 comentarios en “INFINITY DREAMS AWARD

  1. Casi se me pasa por alto esta nominación jajaja Muchisimas gracias, dentro de poco escribiré una entrada. Bueno, “Poco” jajaja de verdad, gracias y disfruta del premio 😀

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