MUJER DE FANTASÍA

Eres una mujer de fantasía. Eres tan perfecta, tan completa, tan hermosa, que me cuesta creer que seas real. Mujer sensible y adorable, que me atrapaste con tus melancólicas letras, con tus comprensivas palabras llenas de dulzura; con esa ternura que sin haberme rozado el cuerpo siquiera suavemente me ha acariciado el alma. Acaso seas una enviada de los dioses, un bello ángel que ha descendido de las lejanas moradas del Olimpo para devolverme la calma y la esperanza que hacía ya tantos años que había perdido. Siempre justa y sincera, siempre directa, tomando la verdad como bandera, fiel a tus ideas, nunca te apartas del recto camino ni te muestras altiva con nadie; sabes escuchar, y con esa bondad que te caracteriza nos muestras ese corazón inmenso, generoso, luchador, que me seduce y me alumbra con su ardiente luz, con esa abrasadora llama que me ha prendado.

O quizá te enviaran desde las profundidades de los océanos, y en realidad seas una de esas sirenas que alegres surcan los mares y recorren el orbe. Eso explicaría la magia que esconde tu voz, ese canto hechizante que me embriaga cuando besa mis oídos tu deliciosa melodía, ese delicado susurro que me hace entrecerrar los ojos para imaginarte y sentirte a mi lado; para sentir vivamente tu presencia e intentar siquiera por un momento tenerte. Entonces te veo frente a mí, sonriente, con esos ardientes labios carmesí, tesoro prohibido, inmensa tentación, sabrosa ambrosía que quisiera devorar. Me observas feliz, clavándome tus acarameladas pupilas y alumbrándome con tu resplandeciente rostro de piel dorada y aterciopelada que me arranca placenteros suspiros cuando te pienso. Estás tan preciosa como siempre, con tu larga melena azabache, con esos cabellos ondulados que graciosamente caen junto a tus tostadas mejillas y las ensombrecen, dándoles ese toque de rebeldía y de misterio, de fuerza, que me subyuga. Quisiera que algún día mis dedos juguetearan con ellos, que se confundieran con tus hermosos cabellos o se perdieran en tu tupida selva; o poder oler esa fragancia que desconozco, ese aroma que ni imaginar soy capaz, para rememorarlo y recrearte, ya que tenerte no puedo.

Porque es tu alma tan tierna, tan bondadosa; porque eres una mujer tan tan recta, tan inteligente, tan perfecta; porque con la belleza de tus versos secas mis lágrimas y limpias mis heridas, cada vez que con tus profundas tintas esculpes sobre el glauco lienzo románticos poemas; porque eres preciosa de alma y de cuerpo, quisiera sumergirme contigo en las saladas aguas y tenerte hasta exhalar mi último aliento. Porque tú, maravillosa mujer, eres una mujer de ensueño.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad.

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