A UN ÁNGEL

Escrito presentado al primer evento Entre el cielo y tú,

del grupo literario El poeta errante.

Entre el cielo y tú se abre un nuevo espacio de esperanza, un nuevo espacio que nunca hubiera creído que existiera; un inmenso cosmos de ilusión, donde los astros titilan con esa alegría que les provoca encontrarse con tu penetrante mirada, esa penetrante mirada de tus acarameladas pupilas, fiel reflejo de tu bondad y de tu ternura, espejo de tu alma sincera y transparente, inmenso océano de cristalinas aguas que me enamoran cuando en ellas poso mis ojos. Entonces renacen mis cejas alicaídas y cobran nueva vida cuando las alumbra ese rayo de luz que brota de los tuyos; se enciende en ellos ese fuego que transmites con tu sublime presencia, esa ardiente llama que me reconforta el espíritu y me devuelve la calma.

Vasta cosmogonía donde tú eres la diosa; princesa alada, acaso etérea. Bello ángel que vives entre algodonadas nubes, recostada entre sus suaves colchones con tu larga y poderosa melena de ondulados cabellos que, rebeldes, rompen la blancura de tu lecho; se deslizan salvajes por tu espalda y caen traviesos sobre tus hermosas mejillas, tostadas por el sol de las tierras que te vieron nacer.

Admito que me cuesta mucho creer que seas humana, que seas real; que más allá de tu precioso rostro se halle una mujer tan maravillosa, tan excepcional; alguien que no conoce la maldad, alguien que desborda amor con cada gesto, con cada palabra, con cada uno de esos versos impregnados de profundos sentimientos que se deslizan por tu pluma de ágil poeta y acaso nos arrancan emocionadas lágrimas al ver tan bello sentir.

Mi corazón vuelve a palpitar con ganas, pues tú, mi ángel, le has devuelto esa ilusión, ese vigor que había perdido. Aunque inalcanzable, el hecho de saber que existes me ayuda a sonreír; me arranca suspiros cuando te pienso, cuando hago un paréntesis en esta vida real en que no te tengo para buscarte en mi mente; o cuando me sumerjo en mis sueños para finalmente poseerte. Entonces escucho esa voz melódica que tanto me seduce y me embriaga; esa voz que parece venida de otro mundo para acariciarme el alma y aplacar los dolores cuando me afligen y recordarme que aún existen los ángeles. Entonces te contemplo admirado, subyugado por tu figura, por esa encantadora sonrisa que codician las estrellas; esa encantadora sonrisa que brota de esos sabrosos labios carmesí, tesoro prohibido, pero que con gran pasión anhelaría algún día poder besar.

Sé que nunca me será concedido apagar la sed con tan pecaminoso fruto; que para ello acaso tuviera que morir primero. No importa. Te tengo en mis pensamientos y en mis sueños. Con tu modo de ser has espantado las gélidas tinieblas en que estaba sumido. Me conformo con admirarte desde la distancia, con quererte en silencio y suspirar por cuánto te deseo, porque entre el cielo y tú es donde ahora vive mi alma.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad.

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