ENTRE AMAPOLAS

Escrito presentado a reto del grupo

Escritores Varios: Taller Autodidacta.

Cae la tarde y yo me desvío por el ancho sendero. He decidido romper con la rutina para venir a parar a este solitario campo, paisaje agreste donde necesito perderme en medio de un silencio sólo quebrantado por el ulular de un viento cálido o por el canto aislado de algún pájaro; perderme en medio de estas coloridas tierras, en medio de este grito de libertad, de este grito de esperanza que me regala la naturaleza, para recogerme en mis pensamientos y encontrarte. Encontrarte en este prado salvaje, bajo este cielo pintado de azul turquesa, donde un dios expresionista ha cincelado los últimos rayos crepusculares sobre este firmamento que ahora se desangra junto a descuidadas nubes que motean el cuadro del pintor y le dan un tinte lóbrego y amenazador, prontas a precipitarse en cualquier momento y a atraparme con su furia.

Pero yo sigo avanzando con decisión, sin temor a unas aguas que sólo pueden purificar mi cuerpo y mi alma; unas aguas que me hermanan con el mundo, con este universo al que pertenezco. Mientras, te busco en mis pensamientos, sabedor de que hallarte es hallarme a mí mismo; que sólo tú, prodigiosa mujer de grandes y acaramelados ojos de hermosa ninfa, me devuelves la paz, me devuelves la calma, con tu hechizante y penetrante mirada; que sólo tú, bella sirena de preciosos labios carmesí, me seduces con la magia de tu dulce voz, con esa melodía que me hace suspirar y acaso perder la razón, cuando me subyuga ese placentero canto que generosamente me regalas y que me adormece con un suave roce que me acaricia el alma.

Me acomodo en medio de este campo de amapolas y dejo que caiga mansamente la noche. Miro al cielo y te busco entre las estrellas; busco ese rostro de tostadas mejillas, siempre adornadas por los oscuros y ondulados cabellos que caen de tu larga melena; busco a esa mujer de alma tierna y noble, a esa mujer pura y bondadosa, a ese ángel que me ha devuelto la vida. Pero las nubes siguen ahí; con su presencia me tapan tu imagen. Sólo un poco de brillo rasga su tupido manto, el de la luna llena, siempre orgullosa y soberbia.

Yo sigo aquí, esperando que empiece una lluvia que ha de llegar, mientras tu recuerdo acude a mi memoria. Sumergido en mis cavilaciones, pienso en lo hermoso que sería tenerte, poder besarte y hacerte feliz; que estuvieras a mi lado en estos momentos, sentados ambos en este campo de amapolas, tu cabeza recostada en mi pecho, con las miradas perdidas en el pesado firmamento, y que nuestros labios se encontraran cuando la lluvia empezara a calar nuestros cuerpos.

Pero es una burla del destino, pues bien sé que tenerte sería perderte. Fina ironía de los astros, que no me permiten hacerte mía. Pero poco me importa. Con tu llegada le diste aire fresco a mis pulmones y dibujaste en mí nuevas sonrisas, sólo por haber conocido a tan bella mujer, a un ángel en la tierra.

Ha empezado a descargar. Dejo que el agua bañe mi cuerpo, que se despeje lentamente el cielo, que me empape por completo, hasta que se hagan visibles las estrellas. Ahora sí que puedo ver tu rostro, ese rostro que me acompaña en mis sueños, y ahora en este campo de amapolas. El rostro de una mujer muy especial.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad.

3 comentarios en “ENTRE AMAPOLAS

  1. Muchísimas gracias, Bea. Me alegra mucho que te guste. Ya sabes cuánto valoro tu opinión; tú escribes poemas muy románticos, de ésos que llegan al alma y despiertan las emociones de quienes los leemos. Es un honor el que me haces. Te devuelvo ese enorme abrazo.

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