HECHÍZAME

Hechízame, sedúceme con la dulce melodía de tu boca, embriágame con el delicioso néctar que mana de tus sabrosos y ardientes labios, que me subyugan con su cadencioso canto de adorable sirena, hermosa náyade de volcánicas tierras, que recorres jovial tus anchos y afortunados mares y bañas tu gracioso cuerpo en sus frías aguas.

Hechízame con tu larga melena, con esa tupida selva donde tus ondulados cabellos danzan revoltosos y salvajes, preciosos con su majestuoso baile. Cómo quisiera que en tan florido bosque se adentraran mis curiosas manos, y que mis caprichosos dedos se perdieran entre el sensual ramaje de tu pelo; acariciar tus lianas con una mano, mientras la otra se deslizara mansamente por tus tostadas mejillas, ambos con los ojos cerrados, con tu cabeza apoyada en mi pecho, y escuchando tu respiración pausada como un relajante ronroneo.

Hechízame, clávame esa penetrante mirada. Quiero ver esos grandes y bellos ojos acaramelados, tus pardas pupilas reflejadas en las mías; contemplar esa cálida llama de felicidad que brota de ellas, de esa alma que en su interior vive, rebosante de bondad y de ternura. El alma de una mujer especial, ángel de mágicas letras, romántica musa que con tus exquisitos versos me enamoras.

Hechízame con esa linda sonrisa de tus carnosos labios; hazme desfallecer en soñadores suspiros cada vez que me regales una de esas codiciadas sonrisas. Que me envuelva el pecaminoso anhelo por devorar tu boca, por comerte a besos, aún a costa de quebrantar la infranqueable barrera de lo divino; de ansiar esa ambrosía prohibida a los mortales humanos.

No. Mis palabras son vanas, pues el hechizo ya existe. Y no quiero despertar de tan maravilloso ensueño; que nunca cese el efecto de este dichoso conjuro. Prefiero continuar siendo preso de tu incomparable alma, cariñosa ninfa que con cada gesto has hecho revivir mi corazón; le has hecho latir con nuevo vigor, con renovado entusiasmo, gozoso por haberte encontrado. Cada pensamiento, cada imagen, cada recuerdo que a ti me llevan son nuevos soplos de vida.

No pido beber de tu áureo cáliz, ni oler la suave fragancia de tu acicalada cabellera, ni rozar siquiera tu piel sedosa, aunque en mis sueños trate de besar tus labios. Pero siempre me detengo, al recordar el solemne juramento que me impide cruzar esa delgada línea, romper la barrera. Pero no importa, porque a ti me debo.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad.

2 comentarios en “HECHÍZAME

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s