LAS PRIMERA GOTAS

Hacía más de un mes que no paseaba por el río. Ya había olvidado la sensación de alivio y tranquilidad que me transmite su aroma, el trino de los pájaros que me acompañan con su ininteligible cortejo, la caricia del viento, e incluso estos árboles cuyo nombre desconozco, en los cuales me fijé el años pasado por primera vez, cuando decidí flanquear la frontera de mi ruta cotidiana y llegar un poco más lejos. Desde entonces he escogido este lugar como refugio de mi soledad, aislado del mundanal ruido, en compañía de la naturaleza. Su forma es graciosa; se asemeja a la silueta de una mujer, con curvas, más ancho el tronco verdoso en la zona de las caderas. Acaso por ello me atrajeran en su día, y desde entonces cuando vengo me apoyo en uno de ellos para leer, para escribir, para ambas cosas, o tal vez sólo para respirar y meditar. El suelo está cubierto por flores suyas. Quizá sea una gran ignorancia por mi parte, pero no sabía que ya había empezado la época de la caída, o quizá dependa del tipo de árbol. En cualquier caso, el suelo está lleno, y de vez en cuando me golpea débilmente una de esas flores que ha acabado de desfallecer y se ha precipitado al vacío. Desconocedor en la materia, pienso en los claveles, a riesgo de errar. Tienen una forma acampanada, con colores vivos, rojos y amarillos; y, por la alegría y el romanticismo que evocan, también me transportan a la ternura femenil, sobre todo cuando pienso en cierta dama.

Escribo con los últimos rayos de luz. Pasan ligeramente de las 20:00. El día aún es largo, pese a que el otoño se acerca, y con él la nostalgia, que pronto impregnará mis letras. Siempre ha sido para mí un sentimiento extraño, ambiguo,donde se entremezclan un dolor punzante, que va a lo más profundo del alma, tras recordar ocasiones perdidas, oportunidades truncadas, una dicha ya pasada, con una sensación amargamente agradable, que viene de la mano del recogimiento que me aporta ese clima más frío, unos días que se acortan y me traen una temprana noche, quizá acompañada de alguna nube -de algo de lluvia, con un poco de suerte-. Y, justo ahí, mi espíritu hallará cierto descanso, a pesar que ello implique que se desangre; que mis ojos se empañen y viertan pesadas lágrimas cada cierto tiempo.

Esta tarde el cielo está nublado, e incluso han caído algunas gotas. Precisamente por ello dudé unos minutos si escribir o simplemente descansar mirando el paisaje; pero el aire que soplaba era cálido, y pronto dejó de chispear. Entonces sentí que era el momento ideal para dejar que la tinta fluyera mansamente, sentado bajo este firmamento encapotado y benigno que me recibe y me abraza. Parece la presentación del otoño, y acaso lo sea, aunque el calor se resista obstinadamente, y aún esté presente durante un largo tiempo. Pero el suelo ya se puebla de flores exánimes, y a mi alma empiezan a llover las primeras notas de nostalgia.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad.

2 comentarios en “LAS PRIMERA GOTAS

  1. Muchas gracias, amigo. Durante los dos últimos meses estuve yendo a la playa con asiduidad. El olor a salitre y el murmullo de las olas al morir en la orilla me relajaban. Pero creo que el colorido de la naturaleza, su olor y su vida me embriagan.

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