12-O: NADA QUE CELEBRAR

Me molesta mucho la hipocresía que gobierna el mundo, todos los actos encaminados a ensalzar un héroe o un acontecimiento determinado, para así influir en el subconsciente colectivo y tratar de ganar prestigio mediante hechos que, cuando vienen encumbrados desde arriba, por lo común son nefandos. En estas fechas, por ejemplo, se festeja el día de la hispanidad. Es un acto lleno de grandilocuencia: es la conmemoración del descubrimiento de América por uno de los países europeos, gracias a lo cual hoy día la mayor parte del Nuevo Continente y España se encuentran hoy hermanadas por una misma lengua. Esto visto así parece muy hermoso, pero a decir verdad, dista mucho de lo que ocurrió. La llegada de los españoles a América supuso uno de los mayores genocidios de la historia, un auténtico holocausto, que avergonzaría al propio Hitler. El Nuevo Continente no estaba en absoluto deshabitado; estaba poblado por tribus indígenas que vivían en armonía con la naturaleza; respetaban sus ríos, sus bosques, sus animales; compartían cuanto tenían en régimen de comunidad, libres de la codicia que enfermaba a los europeos. La llegada de los españoles supuso el exterminio de esas gentes, que tenían sus lenguas y sus culturas. Más allá de las enfermedades que diezmaron a la población autóctona, cuyo sistema inmunológico no estaba acostumbrado a nuestros virus, los españoles asesinaron cruelmente a los indígenas allá por donde pasaron y destruyeron sus símbolos para someterlos ideológicamente y humillarlos. Había que acabar con las religiones locales, con sus templos, y evangelizar; convertir a aquellos salvajes al cristianismo por el bien de sus almas, aunque fuera a costa de hacer perecer sus cuerpos en medio de terribles dolores, torturados por el fuego de la santa inquisición.

Hay quienes dicen que los españoles recibieron ayuda de las tribus locales, sin el cual no hubieran conseguido imponerse. Sin duda. Cuando llegaron a tierras centroamericanas, su número era muy inferior al de los aztecas, y ni las armas de fuego ni el poder psicológico de los caballos les habrían bastado. Pero una cosa es que las tribus sometidas por los aztecas se aliaran con ellos para escapar del sanguinario imperio que los oprimía; y otra muy distinta, que estuvieran de acuerdo con la brutal e inmerecida represión que luego sufrieron a manos de Cortés y de sus hombres. Poco después Pizarro haría lo mismo en el Perú a costa del imperio inca y de sus gentes.

Ahora mismo no recuerdo las cifras exactas de aquel holocausto. Sólo puedo mencionar que a la llegada de los españoles se estima que la población total del Continente era de unos 13 millones. Pero la masacre fue tan atroz, que América quedó muy mermada demográficamente. Ello dio origen a otro hecho deleznable, primo del ya mentado -aunque muchos seguramente lo festejarán-, como fue el comercio triangular de España  y Portugal con África: se intercambiaban manufacturas a cambio de esclavos negros que trabajarían las tierras americanas, de donde se sacaban metales que iban a Europa. Estos esclavos viajaban a América hacinados en los barcos. Muchos morían en el trayecto, debido a las pésimas condiciones, y los que sobrevivían llegaban muy mermados.

De modo que este 12 de octubre no hay nada que celebrar. ¿O acaso hay que celebrar el asesinato de millones de personas, la destrucción de sus hogares de culto, de sus escritos y bienes, la quema de sus tierras y de sus animales o la imposición de nuestras lenguas? Por supuesto que a día de hoy se me hace más fácil comunicarme con un americano que con un europeo, debido a la comunión del idioma, pero me da vergüenza al pensar en el expolio y en el horrible genocidio a que sometió mi Nación a sus antepasados. Ello, respaldado por la iglesia católica, además. Ojalá se recuperaran las lenguas de allá y la gente las conociera. Yo mismo siento la obligación moral -y el deseo- de imbuirme de su cultura. ¿Cómo le sentaría al mundo que Alemania celebrara el holocausto judío? Hoy los alemanes se avergüenzan de aquello, como yo me avergüenzo de lo que ocurrió con las tribus aborígenes. Pero mi gobierno y muchos descerebrados creen que hay que celebrarlo. Y la comunidad internacional no se indigna, porque esas gentes, o no existen, o no tienen el poder económico de los judíos.

 

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad.

4 comentarios en “12-O: NADA QUE CELEBRAR

  1. Desde Uruguay de acuerdo contigo.
    El exterminio fue feroz y la codicia interminable.
    Y eso sin hablar de lo salvaje de la inquisición, que torturaba para obligar a adoptar las creencias del invasor.
    América no fue descubierta sino saqueada. Todavía se enseña eso como una gloria.
    Como a perro que maltratan y le mueve la cola al amo.
    Un abrazo.

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