BÉSAME

Bésame, sella mis labios con los tuyos, silencia las quejumbrosas protestas de mi alma. Que tu boca devore la mía, que el fuego de tu lengua apague la brasa que ferozmente arde en mis entrañas. Acalla esta voz que por ti clama, sacia esta hambre voraz que me destruye por dentro, haz sanar estas punzantes heridas con tus delicados besos.

Acaríciame, déjame sentir tu piel sobre la mía, tus delicadas manos recorriendo mi cuerpo. Quiero notar ese placentero escalofrío que me provoque tu tacto, ese fino cosquilleo que desboque mis latidos; que mi corazón se acelere al más leve roce de tus dedos. Que los míos, traviesos, te busquen en la oscuridad de la noche bajo la embriagadora fragancia de tu perfume, para enredarse en tu espesa y tupida melena y perderse entre tus ondulados cabellos.

Mírame, clava tus acarameladas pupilas en las mías; que tus brillantes ojos me devuelvan la vida con cada resplandor, con la cálida llama que en su interior brota. Ansío contemplar en ellos tu alma, esa bella alma que con su bondad tanto me enamora; ese espíritu tierno y sincero que con cada palabra limpia mis amargas lágrimas y me devuelve la esperanza. Que las pesadas nubes no vuelvan a copar mi cielo inmaculado. Deseo admirar la miel de tus pupilas y no volver a naufragar en el desgarrador llanto.

Abrázame, que tus brazos ciñan mi cintura; que me rodeen y me protejan como un poderoso anillo; que me envuelva la magia de tu espíritu angelical y sereno mientras me hablas y me consuelas de tan punzantes males con esa suave voz que me adormece y me devuelve la calma. Quisiera que me susurraras al oído, caer subyugado por tan hermoso canto; que tu romántica melodía fuera mi compañera en la remota morada del sueño, esa misteriosa tierra vecina del reino de los muertos, para no abandonarte siquiera un instante, y que también en los dominios de Morfeo seas mía.

Bésame. Muero por degustar tus sabrosos besos encarnados, la exquisita ambrosía de su boca; que tu codiciado elixir sea el antídoto de este cruel veneno; que mis apasionados suspiros fenezcan por obra de tus atesorados ósculos. Quiero sentir en mi nuca tu aliento cuando me poseas; ser siempre tuyo, y que sobre mi alma dibujes los más bellos versos. Quiero desfallecer con los ojos cerrados mientras te pienso, mientras te siento, siempre como gozoso preso de tus valiosos besos. Por eso, bésame.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

04-11-2016.

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