EL OLOR DE LOS LIBROS

Mi actitud rebelde e insumisa me ha llevado a menudo a anclarme en diversos hábitos que el vertiginoso mundo en que vivimos ha dejado cada vez más atrás, arrinconados en un pasado remoto, a pesar de que no nos separen de él más que unos pocos años, pero que la velocidad de los cambios que nos impone la sociedad hace parecer pretérito. A ello se une mi temperamento romántico, que me hace abrazar con fervor todos los recuerdos y todo aquello que pueda desprender un cierto olor a pasado; todo aquello que encierre un misterio o que haya conocido en mi infancia y se haya incrustado hondamente en mi vida, en uno de los huecos de mi corazón. Así me ocurre con las cartas, por ejemplo. Por más rápido que sea enviar un correo electrónico, no puede compararse con la emoción de recibir una misiva escrita a mano; saber que la otra persona se ha tomado la molestia de coger un bolígrafo y un papel, que ha pensado en nosotros y nos ha escrito; leer y acaso descifrar su caligrafía; sentir ese fino cosquilleo al esperar la carta, ese nervio con que abrimos el sobre; palpar el papel, olerlo y suspirar con cada palabra mientras sentimos más próximo al ser querido. Casi podemos tocarlo, casi podemos verlo. Nada de eso podemos sentirlo con un correo electrónico.

Otra cosa que echo de menos es ver a la gente leyendo en el metro o en el tren. Las nuevas tecnologías se han impuesto hasta tal punto, que la gente prefiere consultar el móvil y adentrarse en las redes sociales; se sumergen en el mundo virtual y abandonan los libros. Es una alienación tal, que muchas personas caminan por la calle mientras hablan a través de su celular o utilizan alguna de sus aplicaciones. Se me hace sorprendente que no haya accidentes, o que no quieran disfrutar del paisaje. Precisamente por ello cada vez es más inusual que nos relacionemos entre nosotros, abocados a una vida virtual, a algo que en realidad no existe.

Y es por ello que me agrada mucho encontrar gente que se desvía de la norma. Me ocurrió ayer, en una de las pocas ocasiones en que cogí el metro. Estaba sentado, leyendo mi libro de cuentos de Borges, cuando entró al vagón una mujer con un volumen. A mi lado había uno de los pocos asientos vacíos, y la pobre decidió ocuparlo para leer más cómoda, antes que permanecer de pie. Curioso como soy, me pregunté de qué libro se trataría. Intenté descubrir el título en la parte superior de las hojas, pero no venía, y tampoco me atreví a tratar de leer algo de aquellas páginas; mi vista está empeorando gradualmente, y habría sido muy indiscreto para interpretar una letra que la distancia empequeñecía aún más. Pero tuve un golpe de suerte: cuando se acercaba su parada -que casualmente también era la mía- vi cómo guardaba el libro; lo cerraba y se inclinaba para meterlo en el bolso, asegurado entre sus piernas. Una mirada furtiva me permitió adivinar el título, que no recuerdo; sólo sé que tenía la palabra samurai. Llegué a ver cómo, al alzar la cabeza, ojeaba de soslayo las tapas del volumen de Borges y sonreí para mis adentros, al comprobar que todavía existen románticos de los libros.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

23-11-2016.

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14 comentarios en “EL OLOR DE LOS LIBROS

  1. Interessant reflexió. Estic d’acord amb tu amb que les relacions avui en dia s’han tornat més fredes. Jo prefereixo una conversa cara a cara que per email, per exemple, perquè conec la importància de la comunicació no verbal. Els nostres gestos, la mirada… de vegades el nostre cos diu més que les nostres paraules, fins i tot ens podem contradir. Vull dir, que per escrit perdem més del 80% de la comunicació.
    Pel que fa a les cartes, jo en vaig escriure i en vaig rebre, però molt poques. T’imaginava més o menys de la meva edat, però entre les lesions de córrer, les cartes, problemes de vista cansada, ja no sé què pensar!! 😂 jajaja
    Per cert, jo ara no agafo transport públic perquè m’agrada anar caminant a la feina, però si l’hagués d’agafar aniria amb llibre jiji

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    1. No sé quina edat tens, però trobo que sí que estarem per l’estil. Aixó no lleva, però, de que siga un nostàlgic d’eixes petites coses; de poder tocar i ololar una carta, o fins i tot un llibre en paper, i no per ordinador. En quant a parlar amb la gent, també prefereixo cara a cara, per sopossat, però en determinats casos, ara que he conegut persones d’altres llocs, utilitzo altres mitjans, és clar. I el metro el gaste si tinc q recòrrer distàncies llargues o em falta temps, però prefereixo caminar. No res més, Lidia. Moltes ganes per comentar. Una abraçada.

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      1. Aix, sempre tan negatiu!! Això no pot ser… Sempre hi ha coses per celebrar, home!! A mi la vida també m’ha donat motius per ser negativa però sóc molt rebel i no em deixo doblegar!! (però no vull parlar d’això per aquí). Sento si parlo massa, em passo el dia enraonant amb adolescents, està bé tenir una xarrada adulta i que no tingui a veure amb feina. Així que, gràcies. (Sento haver monopolitzat la teva entrada amb els meus comentaris).

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