DAÑOS COLATERALES

Dieron la vuelta para regresar a la ciudad. Circularon con precaución, no ya sólo por el estado de la carretera, sino por las últimas noticias, que les hacían temer algún imprevisto. Tenían que atravesar la capital para tomar la salida hacia Cienfuegos, donde se encontraba el hospital, un vasto recinto de diez manzanas. El edificio primitivo, del siglo XV, había sido restaurado en numerosas ocasiones para adaptarlo a las nuevas necesidades, y hubo que hacer continuas ampliaciones, no sólo por el crecimiento de la capital, sino porque llegaban pacientes de otros puntos del país, merced a la buena fama que tenía el personal sanitario. Los edificios tenían una altura de diez plantas; estaban rodeados por amplias zonas verdes, que daban una mayor sensación de alegría, junto al blanco impoluto de las paredes. Destacaba, en la entrada del edificio principal, una estatua de tamaño familiar del dios griego Asclepio; sentado en un trono, presidía y daba la bienvenida a los enfermos con su pétrea mirada llena de fuerza, esa fuerza cargada de magia. Entraron y se dirigieron a la recepción; ahí una enfermera los derivó al edificio contiguo, donde se trataban los casos de urgencia.

Subieron a la cuarta planta. Se les hizo difícil abrirse paso hasta la habitación; los pasillos estaban desbordados de camillas donde yacían doloridos mujeres y hombres de todas las edades con goteros, acompañados por sus familiares, con la remota esperanza de que alguna habitación quedara libre. Las enfermeras, agotadas, cruzaban de un lugar a otro para tratar de atender todos los casos. El caos ecoómico del gobierno y su estrangulamiento de la sanidad pública estaba haciendo estragos; no había dinero para más médicos, y las medicinas empezaban a escasear. Las listas de espera eran tales, que ya había habido diversos casos de muertes debido a la carencia de medios. Asesinatos encubiertos de unos políticos sin escrúpulos que no vacilaban en cerrar el grifo de la sanidad mientras abrían el del gasto militar. Sólo aquéllos que pudieran permitírselo deberían ir a clínicas privadas, cuyo coste quedaba desorbitado para una población cada vez más depauperada.

En la habitación 420 estaba Julia con cinco chicos. Ángel, inubado, estaba un tanto adormecido por efecto de los calmantes. Irónicamente, que le dispararan había sido su única ventaja para que le operaran de urgencia. Ahora se recuperaba ahí, en una habitación que pocas horas antes había ocupado un hombre a quien se habían llevado las parcas por no poder recibir el tratamiento contra la hepatitis c. Compartía la habitación con una mujer también entrada en años, enferma de cáncer de mama, acompañada por su marido y por sus dos hijas.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

26-11-2016.

6 comentarios en “DAÑOS COLATERALES

  1. Quin hospital més singular. Un edifici del segle XV y amb una escultura d’Asclepi donant la benvinguda a la porta. M’agrada. Veig que la situació de crisi sanitària del relat, bé podria ser la que pateix el nostre país en uns anys si les coses no canvien.

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    1. Molstíssimes gràcies, Lidia. Conforme escrivia, em donava la impressió que desvariava, jeje. He pensat en l’hospital psiquiàtric de València, el primer d’Europa, fundat al segle XV. En quant a la imatge, és de l’hospital La fe, de València, on he passat tant de temps.

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