DESDE MI NIÑEZ

De nuevo esta madrugada me sorprendió la lluvia. Me acunó y me acompañó en mi plácido ensueño, al principio con unos suaves acordes que caían del cielo y repiqueteaban contra la persiana. Ahí, tendido en el lecho, escuchaba su romántica sinfonía sumido en ese ligero descanso, a medio camino de la conciencia, sin querer despertar de tan tierno reposo. Mi ensueño cobraba así mágica vida, alentado por cada gota, por cada trueno, con su caída y su estruendo me aportaba el calor que aplacaba mi frío y, hundido entre las sábanas, me hacía volver a sentirme un niño. Con el paso de los minutos noté que lo que había surgido como una tímida lluvia se había convertido en una feroz tormenta; el agua caía con mayor fuerza, e imaginé las calles solitarias, bañadas, con el firmamento desatando toda su cólera. Por unos instantes me adentré aún más en la cama y atraje hacia mí las mantas, ansiando que aquello no acabara nunca; que el cielo se deshiciera en aquella interminable bacanal; recuperar los años perdidos mientras mi mente vagaba por los más remotos recuerdos, azuzada por los pavorosos azotes de aquel diluvio.

Mas acepté que no podía permanecer todo el día ahí acostado, y finalmente me resigné a mi suerte. Me levanté, subí las persianas y contemplé el alto firmamento gris, cincelado con nubes de las más abigarradas formas que iban mutando incesantemente, al tiempo que se precipitaban al vacío. Esta vez sus lágrimas no eran las mías, por suerte. Aún sintiéndome preso de una cierta nostalgia, en modo alguno me entristecía. Por supuesto que ello me movía ciertos sentimientos; me hizo rememorar épocas pasadas, cuando todavía vivía con mis padres y en mis adentros alentaba grandes esperanzas. Las bondadosas ilusiones de un niño que anhela conocer el mundo; buscarlo y, al hallarlo, derrochar toda la alegría que albergan sus pueriles años.

Para mi sorpresa, la tormenta no se redujo tan sólo a unas pocas horas. El lejano azul lleva encapotado más de medio día, y no ha dejado de descargar. Desde que me incorporé de la cama he pasado casi todo el tiempo recluido en mi habitación, resguardado frente a la ventana, la fuente de mis nostalgias. Bravos rayos han resplandecido a escasos metros de mis ojos, sorprendentemente bajos y cercanos, y me han hecho maravillarme una vez más por la soberbia y la grandeza de una naturaleza que amo. Aquí me encuentro, escribiendo, antes de que mis pupilas acudan a beber del río de otro libro, aislado de unos ruidos que ahogan esta sublime paz que me aportan el silencio y la soledad, mis pensamientos cargados de nostalgias, mis más hermosos ensueños, aún con la compañía de gélidos vientos, aún durante las horas de vigilia.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad.

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6 comentarios en “DESDE MI NIÑEZ

      1. jajaja. Sí. Els exàmens són una feina molt pesada, la realització de la qual no és gratificant. Jo he estat llegint tota la vesprada; havia parat, però em penso que ja continuo. Bona nit, Lidia.

        Le gusta a 1 persona

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