UNA DEUDA PENDIENTE (I PARTE)

Llevaba varios días caminando por la misteriosa montaña. Ascendía a un ritmo cada vez más lento debido a la pronunciada pendiente y a la altura cada vez mayor. El aire entraba trabajosamente en sus pulmones, cada vez más helado, a medida que recortaba los miles de kilómetros que lo separaban de la cima y se acercaba a aquel cometido, a aquella acción que por fin, después de tantos años de espera y de desengaños, lo liberaría de su cruel opresión. Estaba resuelto a no retroceder, a no dejarse amedrentar por las dificultades de la empresa, por lo complicado y largo que fuera aquel itinerario, con tal de romper sus cadenas. Sus roídos vaqueros ascendían sin pausa, a la par que los zapatos, desgastados por el uso, se clavaban en una tierra a menudo fangosa, debido a la lluvia de las últimas jornadas; una lluvia que había mojado su deshilachada camisa, que se había pegado a un torso corpulento, tostado por pesadas horas de labranza, como los fornido brazos, que movía a modo de remos, a veces con los puños cerrados, cuando recordaba las cuentas pendientes que tenía con el otro, unas cuentas que estaba decidido a saldar. Su firme determinación se reflejaba en su rostro, un rostro de mirada concentrada, donde por momentos brillaba esa llama que arde en las personas que han soportado estoicamente los azotes de las injusticias, hasta que se derrama el vaso y se despierta la bestia que llevan dentro, un ser dormido que sale de su letargo para cobrarse todas las afrentas recibidas. Una cicatriz le cruzaba la mejilla izquierda; profundas arrugas poblaban una frente de donde manaban gruesas gotas de un cálido sudor que se resbalaban por su cara, a veces para incrustarse en esos ojos tan penetrantes, otrora anegados de amargas lágrimas, pero siempre vivaces e inteligentes, con esas oscuras pupilas que se confundían con la negritud de la noche, de sagacidad felina; en otras ocasiones, más raudas, tomaban otros caminos y morían en su boca, mezcladas con la saliva y la lluvia. Su cabeza, años atrás con una espesa cabellera tan opaca como el cielo que ante él se alzaba, ahora sólo presentaba unas sienes plateadas, dejando al descubierto una piel donde aparecían pequeñas manchas marrones, máculas del sol y del tiempo. La madrugada cedía a las primeras horas del alba; una tenue luz empezaba a despuntar en el horizonte y una espesa niebla cubría un paisaje cada vez más desértico. La fatiga asolaba sus miembros, pero no quería detenerse a descansar cuando faltaba tan poco para llegar. Un viento cada vez más gélido arremetía contra él que, impasible, continuaba adelante, para no exponerse a los rigores del sol, para que el gran astro no consumiera sus últimas fuerzas. Debía liquidar aquella deuda, resolver aquel antiguo asunto, para recuperar la calma y poder descansar sin volver a pensar en el mañana.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

30-01-2017.

8 comentarios en “UNA DEUDA PENDIENTE (I PARTE)

  1. Wow Super ben descrit!! 👏👏 M’ha fet la sensació que estava al costat d’aquest home ascendint la muntanya!! Es genial i a la vegada intrigant… Doncs, m’he quedat amb les ganes de saber quin és el deute pendent 😉
    Una abraçada, Javi!🌟

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    1. jeje. Moltes gràcies, Lidia. La història se’m va ocòrrer anit. Estic intentant millorar les descripcions i ficar més suspense. Açò no serà tan llarg com la història de Carlos i Ernesto, però. Me’n alegro que t’hagi agradat.
      Una abraçada ben forta!

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    1. jajaja. ¡Muy buena observación, Ana! La explicación es que cuando lo escribí no tenia ni idea de qué edad tendría el protagonista. No es un muchacho. Pensé que rondara los 40, pero luego creí más oportuno que tuviera entre 50 y 60, con esa fortaleza de la gente acostumbrada a la labranza.
      Besos.

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