JUEGOS DE FANTASÍA

Hacía años que habían perdido el contacto. Se habían separado con dos besos en las mejillas y con sendas sonrisas, acompañadas por vanas promesas de un reencuentro futuro, entregados ambos a esa piadosa mentira, consciente cada uno de que el otro faltaba a la verdad pero, a pesar de todo, felices con su absurda hipocresía. Posteriormente la distancia había enfriado su trato; las redes sociales no habían sido suficientes para mantener encendida la llama de la amistad, y ese ardoroso sentimiento se había congelado. Sin embargo, un día ella regresó. Había recordado esas palabras que se dijeran en aquella tarde postrera, cuando sus ojos celestes se humedecieran al escuchar el adiós que les separaría para siempre, a pesar del deseo mutuo de volver a verse, que en el fondo de sus almas no pasaba de ser una quimera. Pero con el recuerdo de tan triste instante decidió revivir aquellos bellos momentos y demostrar que de aquellas ascuas aún podía brotar un caluroso fuego. Sin advertirle de su llegada, se presentó en la puerta; él la recibió con inesperada sorpresa y la estrechó en sus brazos. Sus labios volvieron a buscar sus mejillas antes de estallar en carcajadas compartidas y entregarse a mutuas confidencias, para relatar cuanto les había acontecido en tantos años y recuperar el tiempo perdido…

El bar estaba vacío a esas horas; sólo habían acudido él y otros dos comensales en busca de tranquilidad para degustar una sabrosa cena con la intimidad del silencio, alejados de lugares concurridos, donde sus voces quedarían ahogadas por las de los otros clientes. El camarero, soñoliento y aburrido, se les acercó a tomarles nota. Pidieron un menú copioso, que hizo prever una larga labor en la cocina y una factura abultada, mas este último dato parecía no preocuparles; en sus rostros se reflejaba el buen humor, la ilusión por compartir esas horas juntos y disfrutar de la cena. El camarero, satisfecho con aquella actitud, les fue sirviendo los platos mientras participaba en algún comentario. Con el último llevó una botella de champagna y se sentó a beber con ellos…

La partida estaba igualada. Después de tres horas, ambos jugadores presentaban síntomas de cansancio; el ambiente de la sala estaba cargado por el sudor que exhalaban los dos cuerpos, que se sumaba al de los cuantiosos espectadores que habían acudido a presenciar en vivo tan apasionante enfrentamiento. El negro había conseguido salir airoso del ataque rival, que no había sabido coordinar sus fuerzas. Agazapado tras las murallas, el bando musulmán había repelido todos los golpes, mientras el cristiano agotaba sus energías, y ahora se preparaba para, ya derruida la fortaleza blanca, tomarla al asalto…

Le molestaba mucho ser incapaz de retener los sueños. Al despertar sólo conservaba pequeños fragmentos de aquellas historias que viviera tan apasionadamente durante unas horas, con la misma viveza que si fueran reales, acaso porque entonces lo eran, en aquel mundo de fantasía que terminaba cuando recuperaba la conciencia. Moría aquel mundo cuando regresaba al otro, y entonces no podía aprehender todas las imágenes; sólo las primeras, que también desaparecerían, como motas de polvo, como cortinas de humo, al cabo de pocas horas, acaso de unos minutos. Hubiera querido que todas esas historias permanecieran en su memoria el tiempo suficiente para plasmarlas en el papel antes de que huyeran como habían huido sus esperanzas, como huía su vida.

No había vuelto a ver a aquella mujer, pero su mente había preferido conservar aquel hermoso recuerdo, que se había superpuesto al posterior distanciamiento. Nunca había ocurrido tal cena; ese momento no había tenido lugar; ese camarero nunca se había acercado a compartir esa botella de champagna. Acaso todo era un simple anhelo de su juventud perdida. Quizá el único recuerdo verdadero, o el menos trucado por el juego de la fantasía, fuera el de esa apasionante partida, una apasionante partida que sólo a través de una pantalla viera.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

21-2-2017.

Un comentario en “JUEGOS DE FANTASÍA

  1. Vaja, m’has descol·locat totalment! No esperava que fossin trossos d’un somni, d’una il·lusió, d’una fantasia… I és que, a vegades, molts ens alimentem d’aquestes esperances que fan que la vida sigui més plàcida. I per què, no?!
    Molt bonic, Javi! Una abraçada ben forta! 😊 🌟

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