UNA GRAN AVENTURA (XVII). EPÍLOGO

Se despidió de sus amigos algo antes de las 15:30. El vuelo salía a las 17:05. Una vez solo, después de haber pasado los controles de seguridad, tenía aún más de una hora para el embarque. Se le hacía divertida la espera, aguardar a que pusieran la puerta, a pesar de tener que cargar con la maleta; volver a escrutar a los demás pasajeros e imaginar sus vidas y sus destinos. Él había aceptado el suyo. Después de tres días procrastinando, aventurando el fatal desenlace, ahora lo asumía como algo inevitable.

Poco antes de abrir la puerta de embarque les avisaron por megafonía de que la cambiaban; tocaba caminar hasta la otra puerta, desde la 34 a la 18, con la molestia de la maleta. Entonces recordó el pasaje bíblico donde se anunciaba que los últimos serían los primeros;el orden de la fila, como resultado del traslado, se modificó parcialmente. Mas, al margen de eso, no ocurrió nada grave; esta vez no habría retraso.

Sufrió un pequeño accidente al subir al avión. No había reparado en el hueco que había al final de la escalera; el golpe le produjo una ligera herida que trató de sanar con saliva, pero cuyos últimos restos aún serían visibles dos semanas más tarde. Era otra consecuencia de los habituales despistes y de la inexperiencia, pero no le dio importancia. A pesar de los trámites engorrosos para coger el avión, se sentía más que satisfecho con la experiencia. Quizá fuera porque era algo novedoso; ello hacía que se mostrara entusiasmado, con esa ilusión del principiante que aún no ha caído en el tedio, que disfruta al máximo de cada pequeño detalle.

Tenía el asiento 33A. Si no era el mismo que el de la ida, era porque había adelantado el primer viaje. El vuelo original salía el día 14,también a las 21:4, pero posteriormente había decidido adelantarlo, para pasar en Tenerife un poco más de tiempo. El transcurso de la semana le demostraría que la decisión había sido acertada, a pesar de tener que pagar una recarga de 5.000 ptas. por la modificación.

Sin embargo, se mantuvo el asiento junto a la ventanilla. Desde ahí pudo mirar durante varios minutos con los ojos cargados de añoranza. A aquella hora aún había luz sobrada para disfrutar del paisaje; de ese mar diáfano que poco a poco se abría a sus pies mientras iban tomando altura hasta posarse sobre ese suave colchón de espumosas nubes blancas. Veía cómo los custodiaban, cómo iba quedando atrás la costa de su playa, esa maravillosa tierra que lentamente se alejaba. Tardó un poco en resignarse y recostarse en el asiento; antes quería que se borrara el último rastro de aquel paraíso, de esa hermosa tierra que tanto le había dado; no perderse ni un milímetro; tratar de apresarlo con todas sus fuerzas. Debía partir, pero sabía que sólo era un hasta luego.

Paulatinamente el cielo se fue oscureciendo, a medida que surcaban el aire hasta adentrarse en la Península. Empleó el trayecto en leer unos cuantos poemas de un libro que le había dejado su amiga antes de separarse. El suyo, aquel libro de cuentos de Cortázar, se había quedado en casa de sus amigos en algo que le hizo pensar en un intercambio de rehenes.

Saboreó aquellos poemas con la idea de que, de alguna manera, no había acabado de irse; que, en cada verso, en cada estrofa, en cada metáfora, había algo de aquel remoto mundo, de esa isla poblada siglos atrás por los antiguos moradores guanches, tan bravos, pero que dieron origen a aquella romántica historia, la historia de esos dos jóvenes cuyo amor quedó proscrito por los odios irreconciliables de los menceyes de dos islas rivales, y sancionados por la furia del Teide. Angustiados y desesperados, prefiriendo morir juntos a una vida separados, aquellos jóvenes desafiaron la furia de sus mayores y, antes de ser alcanzados en su fuga, una estaca de dos puntas atravesó simultáneamente sus pechos y unió la sangre de sus corazones. Bella y conmovedora historia, que humedece las pupilas y hace gozar las almas.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

05-05-2017.

2 comentarios en “UNA GRAN AVENTURA (XVII). EPÍLOGO

  1. Molt bona experiència! Tret pels retards del vol d’anada i la ferida del vol de tornada. Has de parar compte!! 😅
    Desconeixia aquesta llegenda guanche, però veig que ka historia es la mateixa amb algunes variacions a la de Romeu i Julieta, present en moltes altres cultures.
    Una abraçada de bona nit!

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    1. Tens raó, Lidia. Ha sigut una experiència meravellosa, fins i tot amb el retard de l’anada.
      La llegenda és brutal. Em quedí de pedra quan la coneguí. Cal tenir en compte que és anterior a la de Christopher Marlow (tot i que es sol atribuir a Shakespeare), que probablement la plagiaria.
      Bona nit!

      Le gusta a 1 persona

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