UN INSTANTE CRUCIAL

Hacía pocas horas que la noche se había dejado caer mansamente sobre la gran ciudad, que empezaba a adormecerse. El autobús se deslizaba lentamente por las calles, a la par que éstas se oscurecían y callaban, recogiéndose sus gentes en el interior de sus casas.

Ella subió y se acomodó en uno de los asientos que había detrás del conductor, del lado que daba al pasillo, y abrazó su mochila con las dos manos, apoyándola en su regazo; a su lado, junto a la ventanilla, había un chico que miraba por la ventana abstraído, con aire fatigado, deseando acabar cuanto antes aquel trayecto interminable.

Así transcurrió un cuarto de hora. En una de las paradas subió una pareja de adolescentes; no tendrían más de quince años. Iban cargados de grandes mochilas y observaban al resto de pasajeros con el rostro ceñudo. Pagaron los boletos y caminaron sin vacilar hasta el fondo del autobús. Una vez ahí, el chico sacó un arma de una de las mochilas y amenazó a todos los presentes con palabras injuriosas para que se despojaran de todos los objetos de valor y se los entregaran cuando pasaran por su lado. Desde su asiento, ella se volteó para tratar de apreciar mejor la escena y comprender lo que estaba sucediendo. Palideció al ver los ojos inyectados en sangre del joven y la pistola en alto. Su compañero de asiento, blanco, se afanaba en reunir todas las pertenencias. Ella, con apenas unas pocas cosas en su mochila, se dedicó a aguardar a que el muchacho llegara a su altura. Comprendió que estaba viviendo un atraco.

El joven apareció y tomó la mochila del otro chico. Ella, con el equipaje preparado, reparó en que la automática del atracador apuntaba hacia el suelo; si seguía el trayecto que recorrería la bala en caso de accionarse, veía que daría en su pie. Espantada, levantó la cabeza con mirada suplicante; cálidas lágrimas huían de sus ojos y bañaban sus mejillas. Buscaba la mirada del otro, deseando que acabara aquella pesadilla; que no hiciera ningún movimiento en falso que pudiera terminar en el fatal desenlace. El atracador, sin embargo, no la miraba, sino al infeliz de su compañero; agarró la mochila de él, pero no reparó en la de ella que, aterrada, no se atrevía a articular palabra.

Tras recaudar el botín, la pareja regresó a la parte trasera del autobús; el chico profirió de nuevo violentos insultos a los pasajeros y disparó al aire antes de abandonar el vehículo junto a su compañera. Entonces, una vez desaparecido ya todo peligro, apagada ya toda angustia, se desató sobre ella toda la tensión y pudo llorar con fuerza; se entregó a un llanto liberador, necesario y durante tantos minutos reprimido. No eran ya dos pequeños y silenciosos ríos que le enmarcaban la cara, sino cascadas que huían con rabia. Un incontenible sollozo que la acompañaría hasta casa, presa aún del pánico durante varias horas.

Ahora, muchos años después, recordaba aquel suceso mientras un último e ínfimo de aquel lejano pavor que sintiera aún la hacía estremecerse. No obstante, podía ya observar aquella aventura con la razonable perspectiva del tiempo y recuperar el sosiego. Una sonrisa se dibujaba en sus finos labios al rememorar tan crudo acontecimiento. Sus pupilas volvían a brillar al recordar aquel instante crucial, cuando su integridad, e incluso su vida entera, había pendido de un hilo. Sorprendida y maravillada tras salir ilesa de tan duro trance, ahora seguía pensando con optimismo, y se preguntaba, soñadora, qué le depararía el futuro.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

15-04-2017.

3 comentarios en “UN INSTANTE CRUCIAL

  1. Vaja!! 😨 Quina experiència més traumàtica!! Molt ben descrit, mantenint la tensió del lector, encara que esperava quelcom més al final, co si després de viure allò hagués fet un gran canvi en al seva vida o alguna cosa així.
    Un abraçada de pasqua, Javi! 😊

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    1. jeje. Moltíssimes gràcies, Lidia. Sí, tens raó; podria haver-ho allargat una mica, però sóc molt dropo, i no tenia ganes de continuar. Però qui sap; tal volta començo una història a partir d’aquest relat.
      Bé, espere que estigues preparada per al dia de demà; sols queden unes poques horetes. tic tac, tic tac, tic tac… jajaja.
      Una altra forta abraçada per a tu!

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