HORIZONTE INALCANZABLE

Siempre había preferido soñar, vivir en una perpetua espera; conservar en lo más íntimo de sus adentros una ilusión que alimentaba, siquiera inconscientemente, para no enloquecer, para no derrumbarse ante los continuos avatares y desengaños que le deparaba la vida; para no sucumbir ante los continuos golpes que día a día le propinaba el destino. Su alma sensible, magullada por tantas zozobras, poco más tiempo habría podido soportar tanta desazón, desangrada por continuos lamentos, por desconsoladores llantos que iban inundando su inocente corazón de lacerantes heridas que se extendían implacables como un cáncer que amenazaba devorarlo.

Para no perderse había acabado por fabricar ese mundo; por imponerse esos deseos, esas metas tan lejanas, tan utópicas. Debía permanecer en una continua búsqueda; aguzar el ingenio permanentemente para alcanzar aquello que, cuando se le presentara tan cercano, tan realizable, volvería a alejarse y escaparse de su mano. El mero hecho de luchar por algo, de ver próxima la realización de sus deseos, la satisfacción de sus anhelos, le confería un mínimo de calor a su desconsolado espíritu, que hallaba un motivo para seguir batallando y no darse por vencido. Acaso por ello necesitaba que sus proyectos fueran irrealizables, imposibles. Acaso por ello, también, en lo más hondo de su ser, de una manera que por entero se le escapaba, situaba la cúspide de su felicidad en un horizonte remoto y utópico. Los modelos platónicos de la dicha perfecta cruzaban por su mente, pero en el mundo real eran meros espejismos; cuando veía algo parecido a ese imponderable goce y lo sentía frente a sí, en el momento de asirle, se le evaporaba como una nube. Siempre le quedaba un gusto agridulce; la amargura por haber vuelto a fallar en el intento por apresar tan codiciado tesoro, pero la esperanza intacta de haber estado a punto de lograrlo. Cada vez que se le presentaba un reto, la posibilidad de concluir sus pesquisas, había algo que lo alejaba de sus aspiraciones.

Era así cómo se mantenía en aquel interminable juego que, sin saberlo, él mismo prolongaba indefinidamente, con un sordo pánico porque algún día concluyera; pues su final era el final de la búsqueda, la muerte de toda ilusión. La esperanza era lo que lo mantenía vivo, lo que le hacía caminar sin rumbo fijo, pero constante; lo que día tras día le hacía indagar con tanto afán como firmeza empleara para desechar el fruto de sus pasos.

Con la mirada abstraída, extraviada, como su alma soñadora, sabía que debía continuar recorriendo el frondoso sendero hasta su último aliento; que, para mantener encendida la llama que ardía en su corazón, sus acarameladas pupilas no podían dejar de escrutar el lejano e impreciso horizonte.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

20-05-2017.

2 comentarios en “HORIZONTE INALCANZABLE

    1. Moltíssimes gràcies, Lidia! El relat està inspirat en les reflexions que hi ha al llibre “Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero”, d’Álvaro Mutis, que et recomano.
      Bona nit i bon diumenge!

      Le gusta a 1 persona

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