PASIÓN SALVAJE

Él le clavaba su mirada penetrante y enamorada; la contemplaba con sus brillantes pupilas, embriagadas por el deseo y la pasión. Ella, hechizada, con los párpados ligeramente entornados, tácitamente lo invitaba a aquel desenfreno que ambos ansiaban; que tomara su cuerpo, y que juntos exploraran los placeres prohibidos; que mordieran todos los frutos ocultos de su paraíso.

Él le acercó los labios al oído y le susurró unas pocas palabras que le hicieron temblar, nerviosa; un fino cosquilleo que la recorrió y de alguna manera la puso en alerta. Él, que percibió aquella respiración ligeramente agitada, la besó suavemente en el cuello, mientras una mano la tomaba por la cintura y la otra se encrespaba en su oscura melena. Ella, cada vez más arrebatada, se dejaba hacer y gemía dulcemente cuando la boca de él buscó la suya y sus lenguas se abrazaron, mientras la mano que reposaba en la cintura empezaba a acariciar delicadamente su vientre.

Separó sus labios de los de ella y emprendió el descenso por aquel frondoso valle; recorrió sus pronunciadas colinas con su lengua traviesa y coronó las tostadas cúspides, donde se demoró unos minutos, saboreando el delicioso néctar de sus senos, mientras ella, con los ojos cerrados, sentía hervir la sangre y latir su corazón con fuerza.

Él le dio un descanso para volver a beber del cáliz de su boca antes de seguir con el lento descenso, que de nuevo lo detuvo unos minutos en sus pechos. Con las manos tanteaba el terreno; sus dedos se deslizaban en una ligera danza por las arenas de su piel y marcaban el paso a su lengua codiciosa, que reptaba mientras ella se estremecía. Ahí estaba esa pequeña oquedad, donde las tierras se hunden en un árido desierto que, con todo, invita al reposo. Con los dedos lo flanqueó, mientras recorría taimadamente cada poro.

Ahora las manos alcanzaban las caderas y los muslos. Ella se quejaba lascivamente, mientras él escalaba el elevado precipicio. Abajo esperaban la sagrada cueva, la hermosa laguna con sus diáfanas aguas purificadoras. Era la recompensa a un largo peregrinar; apagar su sed con tan anhelado brebaje.

Ella, con los ojos desorbitados, recibía complacida cada beso, cada caricia; acogía aquel desenfreno con prolongados gemidos. Él, decidido y entregado, se adentró en aquel cuerpo que con sus movimientos agitados y sus suspiros entrecortados lo llamaba, mientras su corazón latía cada vez con mayor violencia. Algo se convulsionaba en lo más profundo de sus entrañas; un temblor que lo sacudía y hacía vibrar aquellos dos cuerpos, confundidos en uno solo; un volcán que bramaba colérico, que con rabia avivaba su lava, pugnando por liberarse, por huir de esa prisión que lo retenía, por estallar y mezclarse con la cascada. Fuego y agua que, por fin unidos, aplacaban el deseo y retornaban a la calma.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

20-05-2017.

4 comentarios en “PASIÓN SALVAJE

  1. Jolin, Javi! Quin relat més descriptiu! Ho has descrit tan bé que m’ho he imaginat fins al punt de sentir-ho!!! 😅😅😂😂 Molt sensual!!! M’encanta el teu punt eròtic, molt millor que el nostàlgic 😉 Una abraçada, Javi!

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