VOLVER A EMPEZAR

De nuevo tenía que empezar. Los rayos de luz violaban las tímidas rendijas de una persiana que nunca había podido cerrar herméticamente, por más que lo había intentado, para protegerlo y aislarlo de ese sol impertinente que se obstinaba en arrancarlo de las garras del sueño, por más que su descanso hubiera sido incompleto, agitado por unos pensamientos que a menudo le hacían revolverse en el lecho sin poder hallar la calma que le permitiera el reposo. Pasaba así largas horas, con los ojos ardiendo la fiebre de tan desagradable desvelo; se enfrascaba en historias que acudían a su mente para distraer los nervios y cumplía ahí tantas ilusiones, tantos viajes, tantas conversaciones que jamás tendrían lugar. Aquella manera de evadirse de la realidad era la que le había permitido sobrellevar la vida, a pesar de aquel sueño incompleto, de aquel agotamiento tan extenuante. Eran esas reflexiones silenciosas y solitarias, bajo el oscuro manto de la madrugada, las que, junto a las experiencias ajenas que recogía de los continuos libros que leía, le ayudaban a abstraerse y a no acabar de enloquecer, frustrado por los avatares que le habían tocado en suerte.

Ya iniciaba el nuevo día. Junto al sol y al calor, poblaban la calle numerosas personas; niños y jóvenes gritaban expansivamente, despreocupados. La ventana de la recámara también era insuficiente para aislarlo de estas expresiones de júbilo, que le llegaban acompañadas de ladridos y de palabras entrecortadas de los vecinos, a veces frases aisladas y subidas de tono, que podían corresponder a una animada charla o a una discusión acalorada. Mientras tanto, notaba cómo un insoportable dolor le golpeaba las sienes con saña; sentía que su cabeza hervía, perturbada por ese brusco despertar que le había cortado en descanso necesario. Precisaba volver a dormir, recobrar la paz para volver a escapar a esa molesta sensación que parecía zarandear su cuerpo; pero todos los elementos se habían unido para arrancarlo de las sábanas y lanzarlo, magullado, a ese mundo que lo rechazaba con el mutuo desprecio y la misma indolencia que él había acabado por cultivar.

Se decía cuán absurdo era incorporarse y caer en la misma rutina de todos los días. Había llegado a la conclusión de que su actitud era fruto de una desidia que lo llevaba a mirar con desgana cada jornada, como un mero trámite en su larga espera de la muerte. Cada minuto de su vida durante los últimos años no había tenido otro fin que esperar ese final tan temido, pero en esos momentos, paradójicamente, tan deseado. No tenía ningún objeto su presencia en el mundo; ningún aliciente justificaba esa existencia. En su caso, la vida había acabado por convertirse en algo tedioso; una broma de mal gusto que no debió haber comenzado.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

27-05-2017.

6 comentarios en “VOLVER A EMPEZAR

    1. jajaja. Jo també prefereixo l’altre relat, però aquesta setmana ha estat molt difícil per a mi; he dormit poc fent una serie de coses q m’han estresat una mica. Ahir estava tan fet pols, q acabí escrivit això.
      Bona nit, Lidia!

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  1. La sensación de no querer levantarse yo creo que la tenemos todos alguna vez, yo, con mucha frecuencia. Pero como hay que hacerlo y apechugar con lo que te ofrece la vida, no me queda más remedio que aceptarlo y dentro de mis posibilidades, sacar esos pequeños momentos de felicidad que llegan sus esperarlos.
    Así que, Javier, abre la ventana, mira al sol, escucha el trino de los pájaros o imagínalo y… ¡a vivir!
    Un abrazo.

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    1. Muchísimas gracias, Estrella. Hay días que son así; días en que el agotamiento se une a las malas experiencias y cuesta mantener la moral alta.
      En cuanto a lo que me, dices, me gusta pasear y leer por las tardes por el jardín del río Turia, en Valencia; hay mucha naturaleza y se escucha el trino de los pájaros de que hablas.
      Otro abrazo para ti.

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