AMORES FURTIVOS

Nunca había aprendido a aceptar el paso del tiempo; y, a decir verdad, cada vez le resultaba más insoportable el lacerante dolor por no poder evitar su huida. Sentía que se le escapaba raudo; y con él se le escapaba la vida, con tantos momentos que ya no eran más que meros recuerdos; invisibles fantasmas de esos instantes pretéritos que, aún cuando hubieran sido malos, aún cuando hubiera sentido una punzante zozobra que le zahiriese el alma, habían sido suyos; pero ya se habían irremisiblemente perdido.

Pensaba en la vertiginosa velocidad de los cambios, en la desorbitada rapidez con que todo envejecía y quedaba obsoleto al cabo de escasos años o de pocos meses. Era la época que le había tocado en suerte, con todas las nuevas tecnologías que reducían distancias y salvaban miles de kilómetros en cuestión de segundos, siquiera de una manera ficticia. Veía cómo se había perdido la pasión de antaño, cuando las cartas unían a los enamorados, que esperaban pacientemente durante días para leer unas líneas que había escrito esa otra persona por la que latía su corazón. Eran días tensos, pero el cosquilleo que recorría el estómago era agradable, al saber que tarde o temprano habría respuesta; que se podría palpar ese papel que había antes tocado el otro, y donde acaso aún podría durar el perfume de una bella dama.

Evocaba todo esto y no podía evitar retrotraerse a los trovadores de la edad medieval; a esos románticos poetas que cantaban sus versos a doncellas que les estaban prohibidas, con el peligro de ser descubiertos a las puertas del castillo; o que el deshonrado caballero llegara a advertir las enamoradas misivas del juglar, y que tras la enfurecida investigación le obligara a pagar con su cabeza tan imperdonable afrenta.

Pensaba en esos tiempos en que las viviendas eran de adobe, y no pasaban de ser casas bajas y discretas; cuando las ciudades apenas nacían, y los campos ocupaban la mayor parte del terreno; cuando los pleitos por amor se resolvían en trágicos lances patrocinados por la espada, y cientos de hombres marcaban las fronteras de los Estados con la sangre de sus entrañas; cuando, aún pobres, los ciudadanos se hermanaban, lejos de ambiciones y codicias, unidos por la felicidad y por las lágrimas, antes que sucumbir a rivalidades y a suspicacias.

Pensaba en todo aquello y le asaltaba un extraño misterioso de amargura; una extraña nostalgia por esa época tan remota y que sentía tan suya. Hubiera deseado vivir en aquellos días, lejos de unas tecnologías que mataban la vida; unas tecnologías que, más que acercar, distanciaban a la gente y la sumergían en un mundo que no era real. Hubiera querido sentir ese hormigueo de felicidad recorriendo el cuerpo; hubiera querido ser ese trovador; escribir esas cartas y entonarlas bajo la lumbre de una antorcha; huir por las calles adoquinadas del celoso pretendiente; escapar a la muerte o que su mortal espada le atravesara el pecho.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

30-05-2017.

Un comentario en “AMORES FURTIVOS

  1. Necessites una màquina del temps per poder anar a l’edat mitjana i ser trovador 😉😂😂 Avui en dia es un ofici obsolet, em temo. Bonic relat, Javi! Bona niiit

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