CAVILACIONES

Cada día era mayor la opresión que le golpeaba el pecho. Sentía que su vida se había quedado estancada, paralizada; que un mismo acontecimiento se había quedado estancado en su mente y se reproducía día tras día; como los antiguos discos de vinilo que se estancaban en un punto fijo, más allá del cual no podían avanzar. Quería romper esa barrera y dejar de presenciar siempre el mismo suceso, aquel funesto acontecimiento que tanto lo marcara; aquel desagradable accidente que determinara su existencia y que ahora le hacía vivir sin esperanza, sólo por el miedo innato de todo ser a la muerte. Necesitaba romper esa cadena de absurdas repeticiones; ese vagar sin sentido que le hacía aborrecer el propio despertar. Era ese momento, el momento tan afortunado para tantas personas, el inicio de una nueva jornada llena de posibilidades, con la ilusión que aportaban la luz y el renacer de los animales y las calles; un soplo de vida que llegaba con aquellos cantos y aquellas risas; nuevos proyectos para llevar a cabo, nuevas oportunidades de reír.

Él, en cambio, percibía con mayor agudeza el inmenso contraste, el insondable abismo, que lo separaba de ese mundo, a un tiempo tan cercano y tan inalcanzable; ese resplandor le calcinaba las pestañas; los entusiasmados gritos de júbilo tronaban en su interior y le recordaban a cada momento que esa dicha no era para él; que sólo podría observarla a prudente distancia, con el recato que observara un modesto sirviente en una casa acomodada, repleta de lujos y cuyos habitantes lo trataran con despreciable desdén.

Necesitaba que cayera la noche para recogerse en su cubículo, ya apagadas las luces de la Naturaleza y enmudecidas las calles, para hallar un poco de consuelo en esa triste soledad y reencontrarse con sus pensamientos, con esa fantasía llena de nostalgias, el único mundo que aún le estaba permitido; ese mundo de sueños donde, abrigado por el silencio reinante, se adentraba en una congoja melancólica que tenía algo de reparador, un lenitivo que hacía menos duro el presente. Hablaba consigo mismo, acaso con desprecio, y cavilaba en su interior tantos instantes perdidos, tan hermosos momentos que habría podido gozar.

Debía vivir todos los días con esas ideas, con esa resignación que le pesaba como una losa y que había terminado por anular su voluntad y todos sus movimientos. Se había convertido tan sólo en un mero espectador de su propia vida, sin ya fuerzas para enderezarla.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

12-06-2017.

5 comentarios en “CAVILACIONES

  1. Javi, la vida no es fácil, por unos motivos u otros se va escapando sin que la aprovechemos. Y ante grandes carencias, tendremos que procurarle pequeñas satisfacciones, como escribir lo que sentimos, leer, imaginar otros mundos, otras historias, soñar (que sigue siendo gratis)
    Siempre hay que intentar que cuando amanece, nos encuentre el día sonriendo… pues hay mucha gente peor que nosotros.
    Un gran abrazo.

    Me gusta

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s