ENTRE TINIEBLAS

Aquella noche sobrevino un nuevo apagón en el barrio. Hacía escasos días que el verano había hecho su entrada oficial, pero, a pesar de que había habido algunas jornadas sofocantes, no parecía motivo para que se disparara el consumo de aire acondicionado, y menos a aquellas horas. Debía de ser otro el motivo que había impulsado a tal medida, tan inusual como imprevista.

Recogido en su cuarto como tenía por costumbre, entregado a esas voces y esos sentimientos que le enviaba aquella pantalla; o navegando por aquellos nuevos mundos que exploraba cada vez que se adentraba en las lecturas de sus libros, que lo transportaban a otros parajes y otras épocas, recibió aquel inesperado suceso como algo molesto. La costumbre lo había amoldado a aquella realidad, sin la cual se sentía vacío; volvía a percatarse de la nimiedad de su existencia. La luz solar hacía horas que había desaparecido; ahora la eléctrica, como para las gentes de un siglo antes, también.

Se acomodó lo mejor que pudo en la cama, aunque sin intención de dormir; no tenía por costumbre acostarse hasta bastante más tarde. Le quedaba la opción de meditar y reflexionar sobre su vida, incluso sobre aquella nueva soledad repentinamente sobrevenida. A su alrededor sólo veía sombras, debido a la poca luz de los vehículos que circulaban por la calle y que entraba por la ventana, la cual le permitía distinguir os objetos. Mas sabía que era una suerte estar en su casa, puesto que la conocía. De haber estado en un lugar ignoto, por más que hubiera tanteado, habría sido un verdadero suplicio, temeroso de tropezar y sufrir un accidente, o viéndose obligado a mantenerse inmovilizado hasta que se restableciera el suministro.

Esta última idea se le hacía por completo inconcebible. Sólo de pensarlo, solo de ser consciente de que no podía gozar de su libertad, algo en él se rebelaba. Nunca había sido capaz de dominar sus nervios. De hecho, aquella noche no pudo permanecer acostado durante demasiado tiempo; se levantó y fue al salón, volvió a acostarse; consultó en repetidas ocasiones su reloj digital, ansiando que se detuviera el tiempo. Se preguntó si sería así el mundo de los ciegos, pero en el fondo sabía que exageraba; su situación era momentánea, y podía orientarse entre aquella penumbra.

En medio de aquella ansiedad creciente decidió ir a la cocina para calmar sus nervios con comida, auxiliado por la poca luz de velas que procedía de las viviendas vecinas, y de las que él carecía, y de su memoria y su intuición.

Sacó de la nevera una tarrina de queso de untar y unas rebanadas de pan y cogió un cuchillo de punta roma, sin filo, que manejó sin problemas. Comió después en su solitario silencio con aquella oscuridad recuperada; la misma oscuridad que hacía dos décadas que habitaba su alma y la cual se hacía más visible en aquella noche opaca.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

05-07-2017.

2 comentarios en “ENTRE TINIEBLAS

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