MOMENTOS ÍNTIMOS

Escrito presentado a reto del grupo Literatura, artes, ciencia, erotismo y humor para mentes abiertas.

El suelo se había teñido de vivos colores. Una inmensa alfombra que se extendía por el ancho bosque y decoraba el paisaje con aquella variada estampa de hojas inertes, muertas, acaso algunas de ellas agonizantes, a punto de exhalar el último suspiro. Aquellas tonalidades, que fluctuaban desde un rojo cárdeno a una amarillo enfermizo, daban calor a la vista y comunicaban el ardor de la pasión; el fuego más vivo de dos corazones enamorados, entregados con frenesí al goce del uno con el otro. Idea romántica la que evocaban los amantes que paseaban por aquel lugar con pasos descuidados, rompiendo el silencio con cómplices risas, que en su lenguaje criptado comunicaban más que las torpes palabras. En sus negligentes andares no habían reparado en aquel agudo contraste; en aquella burla de los sentidos que les transmitía semejante alegría, felicidad tan intensa que se identificaba con sus almas risueñas, a pesar de que cuanto tenían frente a ellos era un espejo de desolación y muerte. Esas hojas que pasivamente los envolvían, días antes -acaso horas- habían pendido de las ramas de los árboles que ahí habitaban; su color verdoso, su suave textura, lejos del tacto áspero que ahora habían adquirido, su dulce aroma, habían comunicado su vida a os pasajeros transeúntes. Ahora, una vez caídas, derrumbadas, abatidas por el implacable peso de la muerte, habían dejado aquellas ramas desnudas, como desnudos habían estado aquellos jóvenes en el momento de su alumbramiento; como desnudos estarían cuando se entregaran y se comunicaran su más íntimos secretos; como desnudos estarían cuando también ellos exhalaran el último suspiro.

Junto a uno de aquellos árboles dormidos se sentaron a descansar. Él apoyó la espalda contra el tronco; ella se recostó mansamente sobre el tronco de su amado y le miró con sus acarameladas pupilas, donde se reflejaba la sonrisa que había nacido en sus labios, una sonrisa que ansiosamente reclamaba un beso. Él le acariciaba los oscuros cabellos, mientras la otra mano le recorría lenta y traviesamente el cuerpo. Con los párpados entornados, ella cogió con sus delicadas manos una de aquellas hojas rojizas y trató de recortarla para formar un corazón; pero la hoja, rígida, se quebró. Un mohín de tristeza se dibujó en su frente, que se arrugó cual si temiera un fatídico presagio. Él, percatado del sutil detalle, al punto acudió para aplacar su dolor mientras acariciaba sus tostadas mejillas. Ahí, tendidos ambos en aquel paraje donde se confundían la vida y la muerte; donde la angustia y la alegría se daban cita, ahí se besaron sus bocas; ahí se desató nuevamente la pasión de sus cuerpos.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

06-07-2017.

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2 comentarios en “MOMENTOS ÍNTIMOS

    1. Moltíssimes gràcies, Lidia. Sí, la veritat és q és la classe de escrits amb què em sento més còmode, però depèn de les circumstàncies, escric sobre una cosa o altra.
      Una altra forta abraçada per a tu, Lidia!

      Le gusta a 1 persona

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