KILÓMETROS

Escrito dedicado a mi padre:

A continuación tuvieron lugar aquellas largas horas por la carretera; aquellas horas de transición, camino del nuevo refugio, de ese lugar de reposo donde el espíritu se entregara a aquella cura, a ese desafío que rompiera con las habituales costumbres. Hizo aquel viaje somnoliento, afectado por la elevada temperatura y por los efectos que el fármaco ejercía sobre su cuerpo, acaso demasiado pequeño y débil para aquella dosis.

Con todo, pasó despierto la mayor parte del prolongado trayecto. No quería perder ocasión de contemplar el paisaje que dejaba atrás, por más que éste fuera desértico, una simple pradera, desprovisto todavía de la frondosa vegetación que hallarían al encontrar su destino. Observaba aquellas áridas tierras mientras su pensamiento seguía divagando. Era un viaje que ya había realizado en muchas otras ocasiones, desde la infancia, en compañía de su padre, con quien nuevamente marchaba. Juntos habían dejado atrás el calor de Levante para buscar un poco de oxígeno en el frescor de la montaña, en una huida que parecía enmascarar la fuga de dos mentes inquietas.

Desde su juventud se había identificado con el frío, con el cielo nublado y con la lluvia, y tenía la impresión de que su progenitor había de sentirse atacado por la misma melancolía, por la misma espina que le despertara los recuerdos, por más que se esforzara en negarlo.

Escribir o leer mientras escuchaba el repiquetear del agua contra los tejados, o tiritar y estremecerse de frío, le provocaba una especie de placentera congoja que lo sumía en un profundo ensimismamiento; rememoraba todas las resoluciones torcidas que había tomado durante años, e incluso aquellos acontecimientos fruto del azar o de factores externos, sobre los cuales no había podido opinar, y se hundía en reproches contra sí mismo y en maldiciones contra los hados, frustrado por no poder modificar aquella suerte.

Ahora viajaba con la impresión de que aquella cura no sería tan eficaz como otras veces. Los años pasaban, como pasaba el paisaje a su alrededor, y consigo se llevaban las esperanzas que antes albergara. Tras haber perdido tantas oportunidades y haber quedado atrás su lozanía, el tiempo también se había llevado sus sonrisas. Asistía con indiferencia a cuanto veía, sin la ilusión de antaño, lleno su corazón de espinas. Su única fuente de alegría, su padre, a quien unía un verdadero amor filial, se encontraba en el invierno de su vida, y ello le colmaba de pesadumbre. Ignoraba cuál sería el último momento que pudiera disfrutar de su compañía, cuánto más podría contemplar su voz, escuchar sus palabras, gozar de sus enseñanzas, hallar consuelo en su sabio discurso, antes de que todo fueran recuerdos y hablaran las lágrimas.

Autor Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

21-07-2017.

3 comentarios en “KILÓMETROS

  1. No nos damos apenas cuentas de que en algún momento de nuestras vidas, nos iremos dejando a personas que marcaron nuestra identidad. Luego se van y lloramos, claro, y sembramos de amargura nuestro caminar, porque la nostalgia y los recuerdos arañan y nunca dejan de arañar. Sería mucho mejor aprovechar el tiempo, pero… Me encantó leerte Javi. Besos a tu corazón.

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