RUTA ASCENDENTE

Escrito dedicado a mi padre:

Dos días permanecieron en tierras oscenses, en un hotel del centro de la ciudad, en el hotel Pedro I. Trataba de estrujar los recuerdos de su época de estudiante universitario para saber quién era aquel personaje, a qué siglo pertenecía, por qué sucesos era conocido; pero todos sus esfuerzos eran en vano. Por más que lo intentaba, había una laguna en su memoria; y ello lo llenaba de zozobra.

El hotel estaba situado frente al parque Miguel Servet, en honor del revolucionario médico que fue cruelmente asesinado por la iglesia protestante por tener la osadía de proclamar que el ser humano era una pieza de la naturaleza, antes que un mero instrumento de un dios tan bondadoso en nombre del cual se producían las mayores atrocidades. Por ahí anduvieron durante ambas jornadas, tratando de inmortalizar algunos de aquellos bellos parajes. Él, sin embargo, no podía evitar que su imaginación vagara libremente. Su mente nostálgica y soñadora pensaba en otras vidas que hubiera anhelado; en otros lugares, incluso.

Pasadas aquellas dos jornadas, el 20 de julio continuaron hasta su destino definitivo, en Vielha, el Pirineo catalán. Era un trayecto mucho más corto que el del primer día, pero de una duración similar, debido a lo complicadas que eran las carreteras, más estrechas y ubicadas ya en plena montaña. Afrontaron continuos ascensos y descensos, a veces con peligrosas curvas, máxime por la mala señalización. Con todo, el viaje se hizo muy agradable; el paisaje pronto se transformó con la aparición de una frondosa vegetación que oxigenaba el aire y lo llenaba de un aroma embriagador. Al fondo siempre estaban esas grandes montañas repletas de vida, con su verde intenso. Por más que avanzaran, nunca llegarían a traspasarlas; quedarían envueltos por todo ese frescor, alejados de la civilización, adentrados en la vida más salvaje.

El cambio de Comunidad Autónoma le permitió volver a observar aquella lengua con la que se había criado. Aparecía con algunas peculiaridades morfológicas, e incluso con un léxico algo diferente, así como con un acento también distinto, pero que le seducía más que el suyo propio. Era algo que le enamoraba, como también le enamoraba el lugar a donde iban, ubicado en el Valle de Arán, con una lengua oriunda, acaso con elementos del francés y del catalán. Debido al aislamiento de aquel enclave montañoso, en época medieval el idioma se había formado sin problemas, al no quedar absorbido por ninguno de los posibles rivales; y en la actualidad, a pesar de los progresos en los medios de transporte y de comunicación, conseguía sobrevivir. Cuando lo leía podía entender el sentido general de las frases, pero había cosas que aún se le escapaban. Y era ese misterio, esa pasión por lo desconocido, lo que le atraía poderosamente. Por más que nunca pudiera abarcar todo aquello, deseaba investigar aquella cultura, aquel pueblo que por ser un gran interrogante lo había conquistado.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

24-07-2017.

4 comentarios en “RUTA ASCENDENTE

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