TRIBULACIONES

Escrito dedicado a mi padre:

El 21, el día siguiente de llegar, se presentó como un día un tanto aciago. Su padre había pasado en Huesca ambos días con ciertas molestias, que el 19 le habían obligado a acudir al médico después de una mala noche. Esa desagradable experiencia se repitió en esta nueva ocasión, después de una madrugada de un descanso incompleto. El buen hombre achacaba sus dolencias a la altura, si bien ésta era inferior a 900 metros.

Este trastorno le alarmó cuando observó que su padre se levantaba hacia las 6:30 para ir al hospital, al cual ya había acudido en ocasiones anteriores, recibiendo muy buena atención. Debía esperar con aquella inquietud, con aquel presentimiento que desde hacía tiempo le perseguía, el temor de una catástrofe que en cualquier momento le sobreviniera. No importaba que sus miedos se hubieran demostrado infundados otras veces; él se mantenía fiel a su pesimismo, que le llevaba a anticipar lo malo y a sufrirlo por duplicado.

Después de pasear a la perrita, esperó mientras leía un poco. Su padre se retrasaba. No apareció hasta las 10:30, después de cuatro horas. Tenía visibles signos de agotamiento, pues el tratamiento era paulatino; no estaba curado ya, desde luego. Los milagros quedaban a merced de una divinidad que por el momento no se mostraba demasiado generosa. Ello no hacía otra cosa más que aumentar su turbación, asustado por la salud de su progenitor. Aquel día, por precaución, decidieron quedarse en el hotel.

El 22, todavía débil su padre, hicieron una breve salida hacia Artíes, un pueblo que aquel buen hombre conocía de años anteriores, y en el cual alcanzó a encontrar a la dueña de un hotel donde había estado alojado, una buena mujer con quien había trabado amistad. Fue una etapa sencilla, sin prisas por recorrer senda alguna, con el único objetivo de hacer una ruta rural; pues, al fin y al cabo, la belleza estaba en aquel pueblo y en las altas y hermosas montañas que lo rodeaban. Al pasar por aquellas calles mientras inmortalizaban recuerdos, conseguía por unos momentos aparcar las inquietudes que tanto le asaltaban, entregado a la belleza del paisaje. Intentaba gozar del instante y no dejarse arrastrar por aquella oscura nube que ensombrecía su mente, acaso tratando de emular las que cubrían el cielo y esparcían un delicioso aroma de lluvia. Era el temor de ver a su padre débil y enfermo el que le acosaba y le hacía un nudo en el estómago. Había pasado a su lado toda su vida; sentía cómo había llenado todos sus vacíos, preocupándose tanto por él y allanándole un camino que sin su ayuda habría sido demasiado pronunciado. Verlo así era su mayor tormento.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

26-07-2017.

4 comentarios en “TRIBULACIONES

  1. Mi querido amigo, a veces las tragedias se presienten, eso es ciertos, nos sentimos como que algo no va bien, será un sexto sentido, no lo sé, pero a mí jamás me ha fallado. Sigo disfrutando de la ruta maravillosa que describes de la mano de tus palabras. Gracias, amigo. Besos a tu corazón.

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