LA VERDAD PROHIBIDA

¿Qué era lo que le había llevado a la situación en que se encontraba? A menudo se lo preguntaba sin atreverse a dar una respuesta, como esos libros con final abierto, para que cada cual pueda continuar la historia, según la resolución que más le agrade. Sabía que era demasiado precipitado tratar de dar una razón única de cuanto había ocurrido; que más bien cabía hablar de un cúmulo de factores. Bien sabía cuál era la causa primera, la más remota, aquélla que se remontaba tantos años atrás; pero ésta, como una masa de nieve que se desprende de una colina y en su precipitada carrera se agiganta, mientras no haya obstáculo que la detenga, había desencadenado toda una serie de consecuencias; todos sus actos habían venido mediatizados por aquel acontecimiento primigenio.

Con el paso de los años había despertado de aquel profundo letargo en que se había hallado su entendimiento, y con feroz curiosidad lo había lanzado a indagar el porqué de aquello. Aborreciendo la duda, se arrojó de manera temeraria a desentrañar aquel enigma que le corroía el alma, sin temer a la verdad oculta, odiando aquella mentira en que durante tanto tiempo había vivido, hasta que se le hizo inevitable descorrer aquel velo con que sus mayores se empeñaban en tapar la realidad. Mas él no reparó en tales gestos. Si era preciso, buscaría las respuestas que ansiaba por sí mismo.

Los primeros resultados de sus pesquisas fueron dolorosos; tuvo que refrenar pronto sus impulsos, cuando comprobó que los deseos de conocimiento le empañaban las pupilas. Era el dilema que debía afrontar: saber qué fue lo que ocurrió, por angustioso que fuera, o volver a cerrar la puerta que había empezado a abrir, ésa que durante tanto tiempo había permanecido atrancada, hasta que se decidió a forzarla. Sabía que ya era demasiado tarde; que, una vez destapada la caja de pandora, no había marcha atrás; todo tendría que salir a la luz. Por más que quisiera evitarlo, la duda siempre le tentaría; necesitaría investigar aquel asunto, aunque sintiera que cada nuevo dato lo mataba un poco.

Pero ahora no sabía si podría acabar de esclarecer aquel misterio. Ya le flaqueaban las fuerzas para continuar; sentía que había descubierto aquello que en cierto modo no debía saber, aquello que le convenía ignorar, traicionado por su carácter inquisitivo, por esa existencia rodeada de sobresaltos que finalmente le había hecho abandonarse a la verdad, por lacerante que fuera, aunque matara, antes que vivir con aquella mentira. Ahora comprendía que todos los años de su existencia no valían un suspiro; que los que aún estaban por llegar estaban igualmente condenados a borrarse sin dejar testimonio de su paso. Quisiera poder cortar aquello y decidir sobre su propia suerte, pero nunca había tenido valor para ello, a pesar de ser consciente de que los años que le quedaran de vida serían oscuros y tristes, más que los anteriores, después de haber conocido la verdad prohibida.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

09-10-2017.

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