12-O: NO EN MI NOMBRE

Para mí, como para millones de personas, celebrar el 12 de octubre es algo vergonzoso, por cuanto dio pie al tremendo genocidio que al poco tiempo se desencadenó; y en absoluto podemos disociarlo. Festejar un acto que supuso el principio de tal masacre y la humillación de sus gentes nos parece un acto deleznable, máxime porque dichas tribus amerindias continúan existiendo hoy día; y para ellas esta conmemoración es un insulto. Porque, además, América no fue descubierta entonces, sino muchos milenios antes, por tribus que presumiblemente habrían cruzado el estrecho de Bering, y por los vikingos en el siglo X. Y el 12 de octubre de 1492, para colmo, Colón no tenía la noción de haber llegado a América ni de haber descubierto territorio alguno, por cuanto se ignoraba la existencia de dicho Continente, y murió con la idea de haber alcanzado Asia por Occidente. No es casual que esta tierra no lleve su nombre, sino la de Américo Vespucci, comerciante florentino, el primero que diseñó un mapa moderno e identificó el nuevo territorio como un Continente distinto de Asia.

Es por ello que me molesta mucho que se celebre semejante holocausto; y me molesta aún más que algunas personas intransigentes se indignen con mi protesta y pretendan hacerme callar. Cuando cada año se pretende realzar un orgullo patrio estúpido y absurdo con semejante barbaridad, quienes lo pasamos mal y quienes nos indignamos somos nosotros; y querer silenciarnos es un acto intransigente y totalitario, del mismo modo que lo son querer acallar a quienes están en contra del maltrato a los animales o de los actos homófobos o xenófobos, por ejemplo.

Varias personas que se incomodaron por mi escrito me dijeron que leyera. El comentario me pareció tan soberbio y tan estúpido que me envanecí en mi respuesta; pues no es sólo que tengo gran pasión por la lectura, sino que la Historia es mi terreno, aquél donde me he formado. La reacción fue entonces compararme con un pseudo historiador como Pío Moa. La sarta de sandeces que leí en un momento fue inmensa. Aquéllos que se dejaban guiar por la propaganda preferían descalificarme y se aferraban a posturas tradicionales; pretendían justificar la invasión de América como un choque de civilizaciones inevitable, que había de llegar tarde o temprano; y consideraban que los ingleses habrían hecho mayores salvajadas, ateniéndose a su comportamiento en lo que fueron las trece colonias.

Vamos a ver:

Que ese choque de civilizaciones fuera inevitable no es motivo no es motivo para que se celebre algo que fue una atrocidad; y, si los españoles se unieron a mujeres indígenas, fue por haber matado por la espada o por las enfermedades que transmitieron a sus habitantes. Aquellos españoles viajaron solos al Nuevo Mundo con la idea de hacer negocio; las mujeres no accedieron por amor, sino por necesidad de supervivencia -las que no habían muerto por epidemias-. Los ingleses no se mezclaron con la población autóctona, pero no por ser más bárbaros que los españoles -algo de por sí muy complicado, teniendo en cuenta la crueldad que supuso el comercio triangular-, sino porque el Reino Unido estaba súper poblado, y las familias viajaban juntas, a menudo por tratarse de perseguidos por cuestiones religiosas. Escocia e Irlanda eran católicas, a diferencia de Inglaterra, y había muchas sectas que tuvieron que huir.

Aún más: el 12 de octubre se pretende celebrar la fiesta nacional. ¿Qué fiesta? ¿Una fiesta que cuesta un dineral, cuando hay una monarquía y un gobierno corruptos, una iglesia que no paga impuestos y gente que se muere de hambre; gente a la que han quitado la casa por haber perdido el trabajo y no poder acabar de pagar la hipoteca? ¿Orgullo por un país donde se rescatan bancos y autopistas con dinero público? Quizá el problema sea que se trata de desviar la atención y crear falsas ilusiones y dividir a los pueblos. El capital no tiene patria; migra de un país a otro sin escrúpulo alguno, con la idea de oprimir a los pueblos lo más posible. Si éstos se enfrentan, en vez de unirse y romper sus banderas y sus fronteras, como pedía Marx y como hace el capital, sus fuerzas menguan y son fáciles de dominar.

Pero, si la idea es demasiado utópica -que lo es- y hace falta una fiesta nacional, que sea conmemorando otra fecha. Los franceses celebran la toma de la Bastilla, el origen de una revolución que supuso el fin de las monarquías absolutas y el auge de la burguesía. Quizá habría que pensar en el 19 de octubre de 1469, cuando los reyes católicos contrajeron matrimonio y unieron las coronas de Castilla y de Aragón; o en el 25 de abril de 1707, cuando Felipe de Anjou venció a Carlos de Austria en la batalla de Almansa y finalizó la guerra de sucesión, dando lugar a un nuevo modelo de Estado, más centralizado, con la pérdida de los fueros de Aragón, Catalunya, Valencia y Baleares; o en el 02 de mayo de 1808, cuando la heroica resistencia de Madrid a la invasión napoleónica inició el declive del imperio agresor.

Que no se intente silenciarme. Y que nadie intente tacharme de ignorante. La intolerancia y la soberbia me rebelan.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

14-10-2017.

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