UNA NUEVA ETAPA (IV)

Por fin había llegado el gran día. Tenía tantas ganas de afrontar aquel instante, de pasar aquella noche, que a las 19:30 ya estaba lista. Había acompañado mi vestido con unas medias oscuras que me bronceaban las piernas y unos zapatos con un poco de tacón; algo de sombra en los ojos y un pintalabios que me daba un aire un tanto sensual. También me había pintado las uñas; lo había hecho con un color morado, a juego con el conjunto. No es que el rojo me disguste; lo empleo, pero no lo hago como norma. El morado, por contra, tiene una connotación de rebeldía, de desafío. Es algo que veo presente entre los góticos, y que francamente me gusta, aunque no comparta del todo su visión de la vida -o tal vez debiera decir de la muerte- y no me atreva a beber sangre ni a dormir en un ataúd, o no frecuente los cementerios.

Por suerte, Luis fue puntual, algo que agradecí, pues de haberse retrasado un solo minuto, habría empezado a comerme las uñas, algo que no era el aperitivo más saludable. Usaba raya al centro, con el pelo hacia los lados; dos mechones le caían rebeldes a ambos costados de la frente y le daban un aspecto gracioso. Vestía camisa blanca con vaqueros y zapatos marrones, acompañado todo ello por su hermosa sonrisa, que por primera vez veía tan de cerca, y esa mirada que me deslumbró. Debo admitir que su atuendo me sorprendió; creí que vendría en un tono más desenfadado, con una de sus camisetas y con zapatillas deportivas; pero parece que él también tenía un sentido de la etiqueta para estos casos.

-Hola. Estás preciosa.

-Gracias.

Nos intercambiamos sendas sonrisas y nuestras miradas se cruzaron por unos breves segundos, antes de que sus ojos me escanearan el vestido con un descaro escandaloso. Por una pequeña fracción llegué a odiarle, pero el imán que me atraía hacia él tenía más fuerza.

-¿Estás lista?

-Sí.

Salí de casa y dimos un paseo hacia un restaurante que me sugirió. Durante el camino fuimos apagando la tensión del primer momento; nuestras manos no se tocaron ni por accidente, pero nos reímos al recordar lo que habían sido aquellos años en el instituto del que nos despedíamos. La noche se anunciaba cálida, con una luna creciente que asemejaba una de esas uñas que acababa de teñir, que gobernaba un cielo que parecía haberse quedado huérfano de estrellas.

El restaurante era lujoso; la cena debía de costar un ojo de la cara, pero Luis me tranquilizó, asegurándome que todo corría de su cuenta, y no quise contradecirle. Nos sentamos uno frente a otro, con una botella de tinto en medio; no apartaba mis ojos de los suyos, que aprovechaban la menor ocasión para refugiarse en mi escote, aunque de un modo más discreto que al principio.

-Me sorprendió mucho que me llamaras.

-Lo sé -Siempre con esa suficiencia, con esa cínica sonrisa. Faltó poco para que le vaciara la copa en la cara-.

-¿Por qué a mí? ¿Por qué me llamaste? Nunca hemos hablado, no me conoces.

-Y aún así aceptaste –Touché. ¿Qué podía responderle? Mi argumento debía haberme hecho rechazar su invitación-. Te invité -dijo a continuación- precisamente porque quería conocerte; y quería conocerte porque eres la única chica que en estos cuatro años me ha mantenido la mirada y al mismo tiempo me ha ignorado. Tu distancia es sinónimo de prudencia, de inteligencia, de fuerte personalidad; y esas cualidades me atraen.

-¿Me estás diciendo que te gusta que te desprecien?

-No exactamente; pero creo que ya habrás notado que procuro desviarme de la norma; y esa cualidad, aunque no la hayas manifestado tanto como yo, también tú la tienes. Por eso me ignorabas. Por otra parte, cuando algo o alguien nos cuesta de conseguir, se revaloriza a nuestros ojos; sentimos herido nuestro amor propio por no poder apresar aquello que codiciamos. Me dije que quería conocerte, pero no hallaba el medio, hasta que el baile me lo proporcionó. No esperabas mi llamada; eso te dejaría desconcertada, y en medio del aturdimiento era muy probable que aceptaras -Esas palabras, pronunciadas con esa media sonrisa y esa voz dulce, con esos ojos entrecerrados y soñadores, hicieron que me dieran ganas de estrangularlo.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

07-11-2017.

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2 comentarios en “UNA NUEVA ETAPA (IV)

  1. Ains… no m’agrada. No em refereixo a la teva magristral forma de narrar l0escena o de descriure-la, per suposat; sinó al protagonista masculí. Té tota la pinta de “machirulo” prepotent.
    Ho sento jajajajaja

    Le gusta a 1 persona

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