UNA NUEVA ETAPA (X)

Tras comprobar que todos mis esfuerzos por salir de tan insólita situación quedaban abocados al fracaso, decidí resignarme y escuchar lo que Luis tuviera que decirme. Ya no sabía cómo considerarlo; ¿un amigo?, ¿un amante?, ¿quizá algún día un novio?, ¿o tan sólo un loco de atar?

-Soy un caído, ¿¡Vale!? Necesitaba decírtelo, pero no me habrías creído; te habría parecido una locura, como te lo parece ahora, con la diferencia de que ahora no puedes escapar a las evidencias.

-¿Evidencias?, ¡¿Pero qué evidencias?! ¡Esto es absurdo! ¡No tiene sentido!

-¡Vaya! ¡Es irónico! Os pasáis la vida clamando al cielo y enviando gente al infierno, y os lamentáis de que ese dios tan bueno a quien adoráis no se os manifieste; en cambio, cuando por fin tenéis una prueba manifiesta, os embarga un miedo atroz y os negáis a aceptarla como tal.

-¡Yo soy atea! -Exclamé, en un arrebato de dignidad ofendida, que al punto contrastó con la mueca de humor de Luis tras expresarme su razonamiento. Éste trocó su semblante, aturdido por mis palabras y, sobre todo, por mi tono. Aunque mi mirada ceñuda se mantuvo en aquella lucha psicológica que labraba con aquel a quien entonces tenía por rival, en mi interior albergaba profundo regocijo por aquella reacción; una mujer amedrentando a un demonio. Y es que no en vano se dice que una mujer colérica es peor que el diablo. En cualquier caso, creo que mi arrebato se dio tanto por sentirme desesperada como por creer que no iba a sufrir agresión alguna por parte de Luis ni de ninguno de los que nos observaban.

-Está bien, está bien -dijo, cogiendo aire, en tono conciliador-. Me equivoqué de persona para decir la broma; lo admito. Pero no me negarás que se ha abierto una honda brecha en tu ateísmo, al menos en lo que a mí se refiere; en cuanto a dios, ya te las apañarás con él. Pero el reverso de la moneda ya has comprobado que existe, y que no es ese mundo horrible que presenta la Biblia; ese lugar rodeado de fuegos y de tormentos que tan torpe y ridículamente trató de reflejar Dante.

Esto último lo pronunció retomando su tonillo burlón. Creo que buscaba que me relajara, pero yo no estaba para bromas; estaba pronta a saltar a cada instante, con la sensibilidad a flor de piel. Entonces vi cómo todos dirigían las miradas al cielo -si era cielo aquello, pues, aunque lo parecía, debido a la gran distancia a que se encontraba, era del mismo color encarnado que el resto del paisaje-; lo observaban con el ceño fruncido, y pude adivinar en ellos una mezcla de recelo, de desprecio y de desafío. Identifiqué estos mismos sentimientos en las facciones de Luis, que también había vuelto la cara hacia lo alto, y al apartar sus ojos de los míos me hizo acompañar la nueva dirección que éstos tomaban.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

15-11-2017.

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