UNA NUEVA ETAPA (XVI)

-¿Por qué te odia tu hermano?

Me pareció que el rostro de Luis se tornaba sombrío. Calló, y lo vi desaparecer quedamente por la cocina. Oía ruido de cajones y pensé en seguirle, pero me sentía un tanto insegura. Tal vez mi pregunta hubiera sido incómoda; y aquella casa, al fin y al cabo, no era la mía. Por suerte, cuando me encontraba inmersa en mis cavilaciones, calibrando qué decisión tomar, lo vi reaparecer; llevaba consigo dos cervezas más y una bandeja con varias cortadas de queso y de jamón para picar, que me recordó lo vacío que estaba mi estómago, alimentado en las últimas horas sólo por alcohol.

-Mi hermano nunca me ha perdonado el intento de golpe de Estado que llevé contra él hace aproximadamente dos millones de años.

-¿Intentaste dar un golpe de Estado contra él?

-Bueno, el término es inexacto, ya que ello implicaría considerar el mundo como un Estado; pero creo que es la única expresión que ahora mismo se me ocurre para que me entiendas.

-¿Y por qué lo hiciste?

-Ahí está el quid de la cuestión.

Hablaba sosegadamente, mientras yo comía con avidez, casi con desesperación. Me tranquilizó saber que mis preguntas no habían causado mal efecto.

-Me alegra que me lo preguntes. Eso es porque no me juzgas; porque me escuchas; porque tienes una mente abierta -Dio un sorbo a su cerveza antes de continuar, como si aprovechara la pausa para reconcentrar las ideas-. Verás: la eternidad para dos personas es muy aburrida. Tras unos cuantos millones de años decidimos crear el mundo. Fue algo consensuado, pero quien se encargaba de todo era él, tres mil años mayor que yo, pero mucho más irresponsable. Se divertía jugando con los elementos; hacía chocar los planetas entre sí; provocaba grandes agitaciones que daban lugar a sufrimientos inmensos para los seres que las padecían. A su lado, cada día veía con más espanto a aquél de quien se dice soy hermano; un ser sádico y cruel que se enorgullecía lanzando meteoritos, generando grandes subidas de temperatura o heladas, sumergiendo grandes bloques de tierra bajo el mar… Extinguiendo millones de especies, en definitiva. Aquello me horrorizaba. No podía entender que alguien gozara creando para al instante destruir.

También teníamos una cohorte de dos millones de súbditos, pero a quienes tratábamos en plano de igualdad. Nacidos de nuestra sangre, poseían nuestros conocimientos y podíamos enfrascarnos en conversaciones interesantes. Ahora bien, los comportamientos de mi hermano me enervaban, como ya te he dicho; sus arbitrariedades cada vez me tenían más harto. A pesar de todo, por no perturbar la paz, yo callaba. Por ello me sorprendió encontrarme una noche en mis aposentos a un amplio grupo de aquellos arcángeles que, después de mucho debatir, habían acordado comunicarme su parecido; y éste no era otro que el hecho de que ellos también se sentían muy violentados por el quehacer de Yisus; y me ofrecieron dar un golpe de mano con su apoyo.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

24-11-2017.

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