UNA NUEVA ETAPA (XXIV)

Al principio me mostré un tanto esquiva a las preguntas de Sara; estuve parca en palabras y afecté cansancio, afirmando que sólo había sido un rollo sin importancia, uno más de tantos. Sin embargo, el agotamiento que pretendí esgrimir como argumento se tornó contra mí como un boomerang, pues a ojos de mi hermana, ello era prueba inequívoca de una noche intensa, y su mente codiciaba una información prolija en detalles. Podría haber zanjado el asunto con una negativa a hablar, mas ello podría haberme hecho actuar de manera violenta por algo que no era más que una chiquillada; y, tras la reconciliación, igualmente se me habría presentado el mismo problema. Así pues, para salir del paso tomé la única solución posible: omití mi aventura mística y conté cómo habían transcurrido la cena, el baile y el paseo en taxi; y a partir de aquí empecé a inventar para alimentar su febril imaginación. Ella reía como tantas veces cuando hablábamos de chicos; y yo, fiel a mi papel, seguía fingiendo y le acompañaba en su acaloramiento como una gran actriz.

Al día siguiente no llamé a Luis, ni él me llamó a mí. Tampoco ocurrió en los días inmediatos. Fue algo extraño, pero ni me sentía preparada para verlo, ni él  trataba de ponerse en contacto conmigo. Supuse que la razón de su comportamiento estribaba en mi reacción a su pregunta. Quería darme mi espacio para que lo pensara fríamente; y lo estaba consiguiendo.

Aquél fue un verano muy atípico para mí. Apenas salí de casa, y rechacé las propuestas de mis amigas de asistir a fiestas. Aquello, que para otros padres habría sido motivo de alegría por ver que su hija se enderezaba y aparcaba los desmanes de la primera juventud, para los míos fue un motivo de preocupación; pues, si el cambio fue radical, no estuvo acompañado por acciones cuerdas que sustituyeran los antiguos excesos. Lo que hubo en mí, para hablar claro, fue un absoluto vacío, una completa anulación de mi persona. Mi temperamento se tornó osco, antisocial; estaba todo el día irascible por cualquier motivo. Solía pasar la mayor parte del tiempo en mi cuarto; cerraba la puerta con pestillo y me sentaba en la cama con las rodillas flexionadas a la altura del pecho; apoyaba en ellas la barbilla y rodeaba las piernas con los brazos para entrelazar las manos. Permanecía en esa postura, con el pelo cayéndome desordenadamente por los hombros, y miraba quedamente la maravillosa vista que me ofrecía la ventana; un asqueroso patio de luces de donde se filtraba un molesto olor a humedad, pero que debido al calor del verano no podía cerrar; y los gritos de los vecinos, que con una vulgaridad que se me hacía cada día más insoportable vociferaban a pleno pulmón, como si tuvieran expreso deseo en que todos nos enteráramos de sus vidas, y aún de su actividad sexual, a juzgar por los desaforados aullidos que algunas noches escuchaba.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

03-12-2017.

Anuncios

2 comentarios en “UNA NUEVA ETAPA (XXIV)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s