UNA NUEVA ETAPA (XXX)

Lo mejor para salir de mi bloqueo, de esa especie de fobia antisocial repentina, digamos, era volver a tratar con la gente, sin embargo. La excusa para ello me la proporcionaron unas cuantas dinámicas de grupo que empezamos a realizar a partir de mediados de noviembre, cuando ya teníamos un poco de rodaje. Para entonces ya me encontraba recuperada de los estragos por mi actitud del verano, pero no me atrevía a dirigirme a nadie. Por suerte, el profesor que llevaba la asignatura se encargaba de agruparnos, rigiéndose únicamente por el orden alfabético en que aparecíamos en la lista. Era así cómo toda la clase se dividía en un juzgado que debía analizar lo mejor posible un caso modelo; unos tomaban el papel de la acusación; otros, el de la defensa. El acusado también participaba de este otro grupo en la práctica, quizá por buscar ambas partes la absolución, con la única diferencia de que él podía mentir. Luego estaban los testigos. Y, para terminar, el juez, que supuestamente debía ser imparcial y analizar todos los datos con minuciosidad.

Ahí fue donde comenzaron a formarse las primeras rencillas. Yo veía aquello y no acababa de comprender el comportamiento de muchos de mis compañeros; cómo, tomándose muy a pecho los casos, hacían una defensa o una acusación encarnizadas. No sabía si aquellos era una competencia salvaje por demostrar una gran preparación y arañar la mejor nota posible, a costa incluso de pisotear a otros; o si de verdad habían llegado a interiorizar sus papeles, como actores que se olvidan de dónde terminan sus personas y dónde principian sus personajes. En cualquier caso, ambas posibilidades me parecían igualmente aborrecibles; señales de una gran falta de madurez y de la podredumbre de la sociedad competitiva donde vivía, encargada de alienar a los individuos y enfrentarlos entre sí.

Donde me sentía más cómoda era haciendo el papel de la defensa o de acusada. Supongo que era por algo psicológico; pues, aunque pudiera disociar perfectamente la realidad de la ficción, me hería pensar en la posibilidad de buscar la condena de alguien a cualquier precio, aunque en el fondo fuera inocente. Sabía que la defensa también buscaba la absolución de criminales y de auténticos sinvergüenzas; pero me ponía en la piel del inocente que es condenado injustamente, y veía esa acción mucho más deleznable que dejar en libertad a un político corrupto o a un narcotraficante, porque un veredicto de culpabilidad podía acabar con la vida de alguien. Pasados ciertos años, una vez cumplida la condena, el procesado recobraba su libertad, después de haber perdido un tiempo que ya no recuperaría nunca, tras haber sido estigmatizado por la sociedad y, quizá, haber perdido parte de sus allegados por un fallo erróneo. Eso le destroza la vida a cualquiera. Es algo terrible, que a veces incluso desemboca en suicidio por el grave daño psicológico y moral de la víctima.

En cualquier caso, desempeñaba el papel que me dijeran, pues debíamos cambiar, para poder comprender bien todas las labores.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

10-12-2017.

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2 comentarios en “UNA NUEVA ETAPA (XXX)

    1. JEJE. Jo tinc entés per una xicona que estudia dret i crimonologia que eixes dinàmiques es fan. Tal volta hi hagi un petit error, però, perquè pot ser que eixes dinàmiques es facin en cursos més avançats. Obviament, tot el que li ocorre a Laura no li ocorre a aquesta xicona; però ja avanço que ella sí que ha tingut a aquest professor.

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