UNA NUEVA ETAPA (XXXV)

Se convirtió en costumbre pasar la noche del viernes y el fin de semana en animada charla, que a menudo daba pie a una película, que ellas se encargaban de elegir. Su abanico de opciones era grande, y a mí me era indiferente, la verdad; podía ver un drama, una comedia o una película de intriga. Lo único que me importaba era disfrutar de aquella compañía, de aquellas conversaciones y de aquellas risas.

El sofá de tres plazas era perfecto para la ocasión, pero me hacía cargo de que podíamos estar un poco incómodas, y prefería ocupar uno de los dos sillones que había a los lados, y así permitirles que estuvieran a sus anchas. Creo que agradecían mi deferencia, y que por ello me tenían estima. Por mi parte, más que la película, a menudo las observaba de soslayo y escuchaba sus cuchicheos y sus risitas cómplices; las veía hacerse mil monerías y comerse a besos, pero callaba discretamente, atendiendo a ambas escenas simultáneamente, la ficticia y la real, con mayor interés por la segunda que por la primera, aunque sin emitir juicio por ninguna, más que cuando mis amigas hacían algún comentario. Entonces rompía mi silencio para dar mi opinión, que a menudo solía coincidir con la de ambas. Transcurrían entonces unos minutos de animado debate, hasta que empezaba otra escena de animado interés que nos sumergía de nuevo en el mutismo, hasta que una de ellas volvía a romper el hielo.

Con el tiempo, las películas que más me atrajeron fueron las comedias románticas, incluso las peores, aquéllas que en otros tiempos me habían provocado arcadas de repulsión por ver cómo la chica desempeñaba papel de idiota; o escenas de un romanticismo absurdo que en mi fuero interno me hacían protestar, viéndolas completamente irreales y estúpidas. Mi racionalidad me había hecho durante mucho tiempo alzar la voz contra unas películas que creaban ideales y mostraban a jóvenes en un mundo feliz y perfecto que no existía; y, al mentirles de tal manera, les generaban unas falsas expectativas que a la larga podrían desencadenar traumas. Mi modo de ser, sin embargo, me había llevado a vivir mi adolescencia de un modo alocado y desenfrenado, burlándome del romanticismo y de ese mundo de fantasía que nos querían vender.

Pero ahora era diferente. Sin abjurar de mis ideas; sin dejar de abominar de unas películas que me parecían completamente deleznables, me provocaban un placer desmedido, por paradójico que parezca. La explicación a que dos sentimientos contradictorios se dieran cita en tales ocasiones, y a que el segundo se impusiera finalmente sobre el primero, era, naturalmente, el comportamiento de mis amigas, que a cada escena tierna reaccionaban con una mímesis lo más fiel posible, y que con sus caricias y los chasquidos de sus besos apagaban la bilis antes de que me devorara el cuerpo. Al tiempo, agradecidas por mi complicidad y porque compartiera sus momentos de pasión con tanta prudencia y recato, me miraban disimuladamente, parapetadas en la tenue penumbra de la sala, acaso creyendo que no me percataba.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

16-12-2017.

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2 comentarios en “UNA NUEVA ETAPA (XXXV)

  1. Ara la trama avança molt més lenta. Et recrees amb aspectes de la personalitat i gustos de la protagonista. Això és bo, perquè així consegueixes que la coneguem més.
    A l’últim paràgraf hi ha una cosa que no té sentit, crec que és una errada. Mira-ho: “…sin de abominar de unas películas …”
    Segueixo

    Le gusta a 1 persona

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