UNA NUEVA ETAPA (XLI)

Pasaron las vacaciones y poco a poco se fue restableciendo la normalidad en todas partes. Con la llegada del año nuevo tocaba guardar las luces navideñas, apuntarse a un gimnasio para recuperar la línea, apretarse el cinturón para llegar a fin de mes en la famosa cuesta de enero… Es decir, todas esas actitudes irracionales que aborrecía y evitaba.

Pero, lo que en verdad me sorprendía, era la psicología de la gente, la facilidad con la que mudaba su estado anímico, dependiendo más de tradiciones sociales que del clima, que en principio tiene un gran influjo en los espíritus. Pero aquí no había diferencia de temperatura; y, no obstante, se producía una transformación importante, al quedar tácitamente abolida la época de hipocresía y de amor y felicidad universales. Ya podíamos volver a odiarnos los unos a los otros.

Por otra parte, durante aquellos días me sentía un tanto extraña; me costaba reconocerme a mí misma. Lo que quiero decir es que, si me había costado adaptarme y aceptar mi regreso a casa, ahora también se me hacía difícil salir de ella. Me daba la impresión de que cada vez se me antojaba más complicado aceptar los cambios. Pasar de una situación a otra me daba vértigo. Aunque supiera que todo era temporal, me ponía nerviosa tener que volver a empezar una y otra vez. O quizá fuera precisamente ésa la causa; que todo era temporal. El hecho de carecer de un asidero firme, de algo a lo que agarrarme, me llenaba de melancolía por lo que dejaba atrás cada vez que me mudaba. Todo era mucho más fácil antes, cuando aún no había abandonado la casa de mis padres y desconocía esa otra vida.

En cualquier caso, regresé a la Universidad para las dos últimas semanas antes de la época de exámenes. Ya apenas me paseaba por el jardín de enfrente de la facultad, debido a que el tiempo apremiaba y hacía un frío intenso, que me impedía comer tranquila en uno de los bancos. Pero admito que el paisaje que ofrecía el jardín me hechizaba, con sus árboles desnudos y el suelo alfombrado con multitud de hojas exánimes, que habían exhalado su último suspiro poco después de desprenderse de las ramas que antes las sostenían. Lo pensaba fríamente y me sorprendía del encanto que sentía ante esa especie de cementerio natural, donde los árboles habían quedado reducidos a sus esqueletos y la tierra se cubría con un manto de muerte. De un modo que se me hacía difícil de explicar, por no decir imposible, todo aquello que fuera negación de la vida me atraía. Era una especie de dualidad, un juego que hacía que la vida se enamorara de la muerte; que esas huellas fúnebres y desoladas me sedujeran, acaso por su inocencia, por ver ahí el reflejo de la esperanza perdida, del fracaso, del sinsentido, del absurdo de todo.

Lo que veía me recordaba a un campo de cadáveres. Sentía que por ahí debía de hallarse mi sepultura, que con paciencia me esperaba y me llamaba. Al mismo tiempo sabía que la muerte no era la salida; o, al menos, no era la muerte definitiva. Tal vez fuera ello lo que me detuviera antes de dar el criminal paso, insegura, como todos, por el desconocimiento de lo venidero, medrosa, dubitativa. La idea del suicidio, que nunca se había presentado en mi mente, continuaba rechazándola; pero desde hacía unos meses se me presentaba de forma intermitente, alternando con mis instintos vitales sin que acabara de decidirme.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

26-12-2017.

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2 comentarios en “UNA NUEVA ETAPA (XLI)

  1. Deixa’m que et digui que la part on has introduït diàleg la narració ha guanyat molt. És un recurs que pots usar més sovint.
    La reaparició del coprotagonista de forma indirecta aporta perspectiva d’una trama que no està resolta dins de la història.
    M’està agradant com avança-
    Una abraçada, Javi!!

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    1. Moltes gràcies, Lídia. La teva opinió, com a escriptora consagrada, és molt important per a mi. Efectivament, la idea que apuntes era la que tenia en ment; fer reaparèixer Luis de manera sobtada per donar-li més força. En quant als diàlegs, com ja t’he dit, intentaré ficar-los sempre que pugui, per donar més lleugeresa i realisme al relat.
      Una forta abraçada també per a tu, Lídia!

      Le gusta a 1 persona

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