UNA NUEVA ETAPA (XLIX)

-No es lo que estáis pensando; es tan sólo un compañero de clase; ni tan sólo lo conozco.

-Pero has pasado la tarde con él; ni siquiera te has preocupado por la cena, o por los exámenes. ¿Seguro que es sólo un amigo?, ¿Seguro que no ha pasado nada? -Preguntó maliciosamente Irene.

-Ya os he dicho que no es de esa clase de tipos; es un chico muy tímido; no habla con nadie; en clase se sienta solo.

-Vaya, un tipo raro. De vez en cuando aparece alguien así -Intervino Selena; pero esta vez te habló a ti.

-No exactamente; fui yo la que lo buscó a él.

-¡¿Que lo buscaste tú!? -Volvió a preguntar Irene. Aquella alternancia de voces era para mí como un bombardeo; como una sucesión de golpes que venían alternativamente de una u otra parte, sin que pudiera adivinar la dirección de donde provendrían ni el momento en que me los lanzarían.-. Tía, nos alegramos por ti. Por lo que a mí respecta, me tranquiliza que no te hayas pasado al lado oscuro; empezaba a ponerme un poco celosa por la perversidad con que siempre te mira Selena -Sólo acabar la frase, la aludida estalló en una estrepitosa carcajada, que fue inmediatamente secundada por la primera, mientras yo me sentía arder de vergüenza, algo que al punto notaron e hizo redoblar su regocijo-; pero que seas tú quien lo busque, cuando el tipo es distante y reservado, es rarísimo. Tú estás muy buena; puedes tener al tío que quieras.

-Os estoy diciendo que no es un ligue. Sólo me tomé un café con él y hablamos un rato.

-¡¿Un rato!? Cariño, ¿has mirado la hora? -Ahora era Selena la que me mareaba.

-Sí. Nos entretuvimos. A pesar de lo callado que es, cuando se le da cuerda, es sorprendente el mundo que una puede descubrir. La verdad es que me han dado ganas de entablar una nueva conversación, de conocerlo un poco más. Es un tipo sensible, con inquietudes.

-O sea, que te gusta -Intervino Irene con una de sus grandes deducciones.-.

-¡Que no, tías! ¡¿Cómo os lo tengo que decir!? Es un buen tipo; me hace sentirme bien y me gustaría volver a verlo. Pero ni me gusta ni puede gustarme. Me inspira cariño, pero nada más.

-En mi casa tenemos una perrita; ella también me inspira cariño -Indicó mordazmente Selena.

-¡¿Pero qué os pasa!? ¡¿No puedo tomarme un café con un amigo sin que pase nada!?

-Ya no es un compañero; ahora es un amigo -Tomó la palabra la psicóloga.-.

-Compañero, amigo, ¡¿Qué más da eso ahora!? Es un tipo muy tierno; y algo me dice que lo ha pasado muy mal. Cuando es tan discreto y luego me muestra lo que me ha mostrado con sus palabras, sus inquietudes, sus pasiones, no se puede menos que pensar que algo raro le ha ocurrido; que tiene miedo de molestar o de que le hagan daño.

-Está bien -Ya habían abandonado el tono festivo e inquisitorial. Irene ahora me hablaba de una manera más comprensiva.-. En cualquier caso, sea lo que sea, ese chico tiene algo que te llama la atención.

-Pero es que yo no quiero nada -dije, con una protesta ahogada, agotada.

-Es posible que no, pero te ha llamado la atención por algún aspecto, aunque no sea más que por su inocencia. Queda con él, conócelo, trata de averiguar ese misterio. Cuida de no hacerle daño, pero vive el momento.

Aquella conversación me dejó más confusa de lo que ya estaba. Parecía que mis amigas me conocían mejor que yo a mí misma; y que, por lo que me decía Irene, yo me estaba resistiendo a aceptar algo que ellas ya sabían.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

05-01-2018.

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