UNA NUEVA ETAPA (LV)

<<Aquel acoso se incrementó en el instituto. En el segundo  año lo pasé fatal; algunos días me negaba a ir a clase. Les pedía a mis padres que me dejaran cambiarme de centro, pero ellos se negaban; alegaban que volvería a tener los mismos problemas, y que el papeleo sería inútil. Pero en tercero me vieron tan mal, tan decidido a dar ese paso o a dejar los estudios, que por fin cedieron. Yo sólo quería huir, ir a un sitio donde nadie me conociera para empezar de cero.

<<A pesar de todo, como último intento por desanimarme, mis padres dejaron que yo me encargara del traslado de expediente, confiados en mi inconstancia. Creyeron que así me echaría atrás. Pero lo hice; fui varias veces de un instituto a otro para asegurarme de que todo era correcto.

<<Por aquellos días estaba tan agobiado que les reproché a mis padres haberme salvado. La vida que estaba teniendo como consecuencia del tumor, de la lesión cerebral derivada de la operación y de la radioterapia que recibí me parecía tan insulsa, por no decir aborrecible, que deseaba acabar con ella; pero me faltaba el valor para llevar a cabo tal acto.

Esto ya era demasiado. Cuando oí estas últimas palabras no pude contenerme más y rompí a llorar. No sé exactamente por qué, pero su historia me conmovió de una manera especial. Yo misma lo había pasado mal hacía poco, aunque por motivos enteramente distintos a los suyos, y había pensado igualmente en el suicidio; pero, de alguna manera, su caso me generaba más lástima que el mío propio. Era como si no me considerara digna de una sola lágrima, y las guardara todas para los demás; como si viera en el dolor ajeno una especie de espejo que me devolvía mis propios males por duplicado y en esos instantes me hiciera sollozar como una tonta. Por suerte, era ya tarde; el bar estaba vacío y la camarera del primer día barría, ayudada por un compañero, para dejarlo todo preparado para el día siguiente. Entonces tomé una decisión firme. Me limpié las lágrimas y le dije a Gabriel con una sonrisa sincera:

-Creo que van a cerrar. ¿Te apetece dar un paseo?

Así lo hicimos. Anduvimos por el jardín de enfrente de la facultad con aquella cálida brisa de los primeros días de abril. En esos instantes aprecié un poco mejor lo que me había dicho de su falta de equilibrio. Le costaba caminar a mi lado; se separaba de mí o chocaba conmigo sin darse cuenta. Traté de restarle importancia al hecho para que se sintiera cómodo; pues, después de la confianza ganada en las últimas semanas, temí que su confidencia le hiciera hundirse de nuevo en la timidez.

-¿A dónde vamos -Preguntó de repente, rompiendo el silencio en que nos habíamos sumido desde que salimos de la cafetería.-?

-No sé; a dar una vuelta. Se está bien ahora, y mañana no tenemos clase. Creo que ninguno de los dos tiene nada mejor que hacer. Vamos a recorrer un poco la ciudad. Después, si te apetece, podemos cenar en algún sitio tranquilo y seguir hablando con calma. Tal vez no lo creas, pero eres un chico muy interesante; lo que me has contado me ha parecido muy tierno.

Aquello en realidad era algo nuevo para mí. Siempre me había considerado una chica moderna y con personalidad; de ello podían dar fe quienes me conocían. Pero era la primera vez que tomaba la iniciativa en… ¿Cómo llamarlo? ¿En una relación? ¿De verdad era ésa la palabra? No sabía lo que era ni lo que sentía; pero tenía que averiguarlo.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

12-01-2018.

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