UNA NUEVA ETAPA (LXX)

El corazón me latía con violencia mientras se sucedían los toques; aguardaba impaciente que descolgara para escuchar su voz y asegurarme de que estaba bien. Pero cada segundo que pasaba sin obtener respuesta, se agrandaba mi congoja. Llegó un momento en que se cortó la comunicación, después de unos dos minutos de espera. Más inquieta de lo que estaba cuando hice la primera llamada, decidí repetir la operación, con la idea de que reaccionara al segundo intento y contestara a aquellos gritos regulares, uniformes, insensibles al sentimiento de la persona que los emitía; incapaces de mostrar dolor, angustia, alegría o rabia; siempre con ese tono sosegado y neutro que envolvía en un aura de misterio las intenciones del interlocutor y que, en mi caso, no podía manifestar la terrible zozobra que me atenazaba.

Mas este segundo intento también quedó frustrado. Una vez más oí cómo la señal se cortaba. Más preocupada todavía, sin embargo, procuré mantener la calma. Aquello podía no significar nada; tal vez no tenía el móvil a mano; o, por el motivo que fuera, no podía contestar. Procuraba tranquilizarme; me decía que no podía ponerme en el caso tan atroz que tenía en mente; que él mismo me había dicho que se sentía incapaz de llevarlo a cabo. Pero entonces volvía a leer el escrito y veía esas exhortaciones que se daba, como queriendo auto convencerse para dar el paso; y en ese instante volvía a entrarme el pánico.

Finalmente, convine en que lo mejor que podía hacer era dejarle un mensaje de voz; y así lo hice. La voz me salía antrecortada por el llanto, pero no me importó; es más, creí que era lo mejor para hacerle reaccionar y que escuchara mi petición; pues notaría lo mal que estaba. Y es que en aquel audio le pedía que me telefoneara en cuanto lo escuchara, fuera a la hora que fuera; que necesitaba hablar con él urgentemente. Confieso que fui muy melodramática, pero precisaba llegar a su alma e intercambiar unas palabras con mi Gabriel. El único inconveniente, me decía, era que mi audio serviría mientras no hubiera culminado su fatal proyecto; pero, si ya lo había hecho, sería tarde para detenerlo.

Esperé con el corazón en un puño sin separarme del móvil. En ningún momento quise hacer partícipes a las chicas de mis temores; ya lo haría cuando todo acabara. Mi costipado, al menos, me había permitido tener acceso a aquel escrito por un afortunado descuido de mi amigo; y, recostada en la cama, verían mi falta de palique como una consecuencia lógica de la enfermedad, que me hacía estar más agotada.

Vendrían a ser las once cuando sonó mi móvil; me abalanacé sobre él y vi que era Gabriel.

-¡Gabi -Fue lo único que alcancé a decir; me sentía incapaz de nada más. Quería que me hablara, saber cómo estaba.-!

-Laura, ¿qué ocurre? He escuchado tu audio y me has asustado; parecía que estabas llorando. ¿Estás bien?

-Ahora sí, pero necesitaba hablar contigo; estaba muy preocupada. ¿Por qué no contestabas?

-Perdona. Estaba cocinando y después he cenado. Como no esperaba ninguna llamada, dejé el móvil en silencio en mi cuarto.

Lo que decía parecía sensato y lógico; y su voz, calmada, dentro de la sorpresa que le ocasionara escucharme con aquel tono de ansiedad.

-Dime, ¿qué es eso tan importante que tenías que decirme?

-Nada. No te preocupes; es algo que prefiero que hablemos cara a cara. Lo único que quiero saber ahora es si estás bien.

-Sí, claro. Nos hemos visto esta tarde, ¿recuerdas?

-Sí -Me hizo sonreír con su comentario burlesco. Todo parecía bien; al menos, yo me sentía mucho mejor después de oír su voz.-. ¿Mañana nos vemos en clase?

-Si te encuentras bien para ir, sí; sinó, me paso por tu casa.

-Tranquilo; iré.

-Me alegro. Eso quiere decir que te encuentras mejor.

-¿Seguro que mañana irás a clase?

-¡Qué pregunta! ¿Por qué no había de hacerlo? Yo no estoy enfermo -Respondió, en medio de una carcajada.-.

-Claro; qué tonta soy. Muchas gracias por llamar; me hacía mucha falta volver a escucharte.

-Descansa, boba -Dijo en tono cariñoso, remedando mis mimos.-.

-Gabi.

-¿Qué?

-Tengo muchas ganas de verte.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

29-01-2018.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s