UNA NUEVA ETAPA (LXXXVI)

-Para ser la primera vez que besas a una chica no lo haces nada mal.

-Gracias. Me alegro. Tengo una buena profesora; y soy un alumno muy responsable.

-Sí; ya lo veo. Interesante. Espero que seas igual de aplicado en todo.

-Lo intentaré -Dijo, mientras se ruborizaba.-; pero cuando tengo demasiada presión me bloqueo.

-Tranquilo, tontín -Le respondí, divertida por su turbación, para calmarlo.-; no pasaremos todavía la lección; no quiero agobiarte y que saques una mala nota por mi culpa. Sé que este examen lo superarás con tan buena nota o mejor que el anterior.

-Gracias. Y dime, ¿te apetece hacer algo? Esta mañana me dijiste que estabas agotada, pero ahora te veo bien. Sé que es tarde y que mañana podemos tener todo el día; o todo el fin de semana, si queremos. Pero no sé; hoy es tu cumple, y ya estoy aquí. Otra posibilidad es pasar el resto de la tarde y la noche en tu cuarto; o incluso salir al comedor y charlar con tus amigas. ¡Y pensar que me dijiste que fuera con cuidado con ellas! ¡Serás mala! Han sido muy simpáticas conmigo; se nota que son buenas chicas.

-Sí; lo son. Les he hablado mucho de ti.

-¿De mí? ¿Y qué les has dicho?

-Cosas.

-Mmm… Me gustaría saber qué cosas son ésas. ¿Qué te parece si te levantas y pasamos un rato con ellas?

-Me da pereza. Se está tan calentito y tan bien aquí…

-Lo que te pasa es que eres una mimosa, y te gusta hacerte de rogar. Además, no quieres que me cuenten eso que les has dicho; pero me lo van a decir.

Apartó el cubre y me cogió de la mano con dulzura para hacerme levantar. Unos minutos después estábamos en el comedor frente a las chicas.

-¡Vaya! ¡Habéis salido de la cueva -Exclamó Irene.-! Pensábamos que ibais a quedaros ahí hasta mañana. ¡Lástima! Creíamos que ibais a darnos vuestra cena.

-Lo siento. Yo no quería, pero Gabi me obligó. Es un abusón y un maltratador. Se aprovecha de que estoy débil.

-¿Débil tú -Dijo él.-? Lo que te pasa es que tienes mucho cuento. Si te hubieras quedado en la cama, te habrías despertado de madrugada como un fantasma.

-Quizá. Pero, si no hubiera salido de mi habitación, no habría despertado a nadie.

-Capaz serías. Pareces una marmota.

-¿Y qué vais a hacer -Intervino Selena-? ¿Vais a salir a celebrarlo?

-No sé. Depende de lo que diga la señorita. Es un poco tarde, la verdad; pero es su día. Ella manda.

-¿Y qué quiere la señorita -Preguntó Irene, mientras me miraba con picardía.-?

-Cenar y dormir.

-¡Ya estamos -Protestó Gabi.-! ¡Si acabas de despertarte! Ya no sé si lo de que no querías levantarte era una excusa para que no las interrogara o simplemente que eres muy remolona.

-Creo que será por las dos cosas -Terció Selena.-. Pero oye, ¿qué quiere decir eso de interrogarnos?

-Me ha dicho que os ha hablado sobre mí. ¿Qué os ha contado esta señorita?

-No sé. Cosas -Respondió Irene.-; que eres muy tierno, que eres muy sensible, que te gusta escribir; que eres muy romántico…

No pude aguantar aquello. Empecé a sentir calor en todo el cuerpo. No había dicho nada del otro mundo; pero me sentía un poco como el ladrón al que pillan robando. Los tres estallaron en una carcajada por mi apuro.

Finalmente cenamos en casa y vimos una película los cuatro juntos, aunque no nos quedara más remedio que llevar unas sillas de la cocina, y aunque Gabi y yo estuviéramos un poco incómodos. El caso era pasar un rato divertido. Además, ya tendríamos tiempo de estar apretados en la cama.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

17-02-2018.

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