UNA NUEVA ETAPA (XCIV)

Mi ocurrencia surtió el efecto deseado. Al momento las dos se rieron y celebraron animosamente mi locura. Pero, por más que fuera una exageración para sacarlas de aquel debate que podía acabar en tragedia, no quería que tuvieran una discusión por ver cuál de las dos me aconsejaba mejor; cuál de las dos tenía razón. Ya me conocía el terreno; había visto luchas parecidas entre mis padres de niña, y sabía cómo acababan; terminaban convirtiéndose en algo personal. Además, estaban tan metidas en aquel debate, que habían empezado a ningunearme, a hablar como si no estuviera; y eso me sacaba de quicio. Era una costumbre asquerosa que tenía mi madre; y, cada vez que alguien me la recordaba, me encendía.

-Tranquila, nena; no hace falta que saltes por la ventana -Dijo un tanto jovial Selena.-. Sólo estamos expresando nuestras opiniones.

-Ya, ya; pero creo que os estabais emocionando demasiado con el tema. Ya he escuchado vuestras opiniones y vuestros argumentos; y creo que lo mejor por el momento es que me espere.

-¿Estás segura?

-No; no lo estoy. Sé que se me hará difícil; que continuamente se me aparecerá un fantasmita para martillearme la conciencia. Pero estoy de acuerdo con Irene en que lo pasaría peor si Gabi hiciera alguna locura por culpa mía. Yo he sido la que ha cometido la falta. Sería injusto que él lo pasara mal.

Así acabó aquella tarde; con una decisión que, si bien no sabía si era la correcta, me parecía la mejor posible por el momento. Quería luchar y vencer ese remordimiento; o, al menos, aplacarlo una temporada, hasta el curso siguiente. Entonces, con la relación consolidada y con Luis fuera de mi vida, convertido tan sólo en un mal recuerdo, quizá podría sincerarme con Gabi. Tal vez lo pasaríamos mal; tal vez dejaría de dirigirme la palabra por algún tiempo. Pero ahí, compartiendo estudios, podría vigilar sus actos; y, si de verdad lo perdía durante unas semanas, el hecho de vernos forzados a coincidir en la facultad me brindaba grandes posibilidades de éxito en la empresa de recuperarlo.

Para acabar de recuperar el buen rollo, les propuse ver una película. Aquélla iba a ser, en principio, la última noche e intimidad que pasaríamos las tres juntas. Aleccionada por las palabras de Gabi, iba a volver a centrarme durante ese último mes; y mis amigas, por su parte, seguramente harían otro tanto. Pero en mi caso me urgía un poco más, creo.

En los últimos meses, especialmente desde que terminara los parciales, mi rendimiento había bajado mucho; y en esa última semana sencillamente no había hecho nada. En los días sucesivos, el contacto con Gabi volvería a ser académico; nos veríamos en clase y charlaríamos durante la comida. Pero las tardes de largos paseos y de risas; los momentos cómplices y los besos compartidos; las noches que pasábamos juntos con las caricias que nos erizaban las almas… Todo eso tendría que esperar. Únicamente había conseguido, como triunfo propio, la promesa de pasar juntos el siguiente jueves, el primero de mayo, y que se quedara a dormir. Sería nuestra despedida. Un día extraño, pues encerraría en el fondo algo de melancolía y de tristeza; el amargo dolor de una separación, aunque momentánea, tan temprana como necesaria.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

25-02-2018.

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