UNA NUEVA ETAPA (CI)

Cuando regresé a casa, las chicas salieron de su habitación y me recibieron risueñas. Me sorprendió no hallar en Selena restos del mal humor que mostrara a primera hora de la tarde, pero me congratulé de que se le hubiera pasado el enojo. Supuse que Irene, con el arte que tenía, había conseguido finalmente espantar los nubarrones que la amenazaban. Y es que el amor todo lo puede; o casi todo.

-¿Qué tal te ha ido -Me preguntó la propia Selena, con la viveza que no había tenido antes.-?

-No sé. Todo está bien; no ha ocurrido nada; pero Gabi está tenso. Algo le ocurre.

-¿Crees que sospeche algo -Preguntó Irene.-?

-No; de eso no. Es muy bueno y cariñoso, pero tiene muchos traumas; y me da mucho miedo no saber ayudarle, no poder hacer que se sienta feliz, que recobre la confianza en sí mismo… No sé. Además, es obvio que le afecta que acabe el curso, que nos separemos para regresar a los pueblos… Es encantador; pero temo cometer un error y que me acabe agotando.

-Bueno, es difícil saberlo -Apuntó Selena.-. Tiene sus traumas, pero lo importante es que estés con él y que estéis bien. Si vieras que eso te va minando, es diferente; pero ahora te vemos muy bien. No te desesperes.

Esa forma de plural me llamó la atención. Era una prueba más de que ambas funcionaban como un pack indivisible de yogures; y, a tenor de lo simpáticas que eran, seguramente hablaban sobre nosotros.

-No sé -Respondí.-. Tal vez tengas razón, pero estoy preocupada. Entre eso y las horas que hemos pasado en la biblioteca, tengo la cabeza a punto de estallar. Y aún suerte que ya se ha largado ese cabrón.

-¿Quién? ¿Luis -Preguntó Irene.-? Salió con Jean Claude a dar una vuelta. No sé si después volverá.

-¡¿Qué!? ¡Ni de coña! ¡Ya pasan de las doce! ¡Ese tío no vuelve a entrar en esta casa, y menos esta noche!

-¿Pero qué te pasa, tía? ¡Es un tío majísimo!

Aquello no entraba en mis planes. ¿Un tío majísimo? ¿Era así como lo veían? ¿Ahora a mis propias amigas les caía bien?

-¡¿Pero Irene, tía, qué coño estás diciendo!?

-Nos ha contado sobre tu pueblo -Intervino Selena.-, que también es el suyo. Sus padres tienen mucha pasta; son médicos. ¿No es casualidad que conociera a Jean Claude?

-No; no creo que lo sea. ¡Tías! ¡Que es el cabrón con el que me enrollé la otra noche!

-¡Ah! ¿Es ése?

-¡Pues claro! ¡Ya os dije que se llamaba Luis!

-Calma, nena; hay muchos tíos que se llaman así.

-¡Joder! ¡Necesito una aspirina!

Me encaminé hacia la cocina seguida por las chicas, que estaban alerta a mi estallido. La verdad, no estoy segura de que todavía me tomaran en serio.

-Cálmate, nena -Repitió Selena.-. ¿No crees que estás sacando las cosas de quicio? Se acostó contigo, pero ha estado muy hablador y servicial; nos ha invitado a su pueblo; a vuestro pueblo, digo. Quizá podríamos quedar los cuatro.

-¡¿Qué coño estás diciendo?! ¡No quiero verle! Y parece que te olvidas de que tengo una relación.

-Pero nena, te digo quedar como amigos.

-Ése no me quiere sólo como amiga. Ya tuvo su oportunidad; el tren ya partió. No quiero volver a verle. Punto. Me gustaría que lo entendierais y me apoyarais.

La cabeza me iba a explotar. Necesitaba que la aspirina hiciera su efecto o pegarme un tiro. Entonces oímos cómo se descorría el cerrojo de la puerta.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

05-03-2018.

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