UNA NUEVA ETAPA (CXVII)

CUADERNO DE GABRIEL

LA GRAN BATALLA (V): LA ANHELADA RESPUESTA

Permaneció en aquella actitud expectante durante la fría estación de las lluvias, un tanto confusa por las reflexiones que la habían asaltado por acontecimientos que, a ojos inexpertos, no habrían pasado de meras anécdotas de por sí carentes de valor; pero que a ella, joven analítica en grado sumo, la puso en alerta, consciente de la importancia de cada acto, de cada movimiento, sabiendo que un paso en falso podía suponerle la muerte. Reparó en la hoguera moribunda que había encontrado el día de su llegada; en aquellas ascuas agonizantes que, si bien le aportaron un tímido bienestar y le invitaron a avivar las lánguidas llamas que le habían reconfortado cuerpo y alma, también le habían revelado una presencia intrusa y hostil, pues bien sabía que a nadie esperaba; que tal empresa debía llevarla a cabo sola; y, en cualquier caso, con el auxilio de que previamente le avisaran. Aquel intruso, fuera quien fuera, se le había adelantado, y era muy probable que hubiera traspasado las puertas sagradas. Ya no estaba segura de que aquella demora fuera normal. Quizá aquel ente, lo que quiera que fuese, le impedía el acceso; tal vez la tenía encerrada para que no pudiera bañar su espada con la sangre de sus agresores; tal vez demoraba su aislamiento para aniquilarla en aquel paraje solitario. En cualquier caso, fuera lo que fuese, no podía hacer otra cosa que mantenerse a la espera, siempre con los cinco sentidos bien despiertos.

Cuando la temporada de lluvias concluyó y dio paso al surgimiento de las flores, estimó que la demora empezaba a hacerse excesiva. Si bien nada estaba en su mano, ansiaba saber qué era lo que sucedía.

Una mañana se acercó al lago y repitió el gesto del primer día; miró al agua, introdujo ambas manos en ella, las extrajo a modo de cuenco y bebió. Al momento el sabio apareció en lo que debía ser su reflejo, pero que únicamente se le parecía en el ceño fruncido, en la mirada concentrada y atenta. Con las cejas arqueadas, acaso queriendo esconder una preocupación que no podía evitar que delatara la palidez de su rostro, le dijo:

-Hemos sufrido un ataque imprevisto. Por ello no nos ha sido posible traerte aún con nosotros, pues el enemigo ha bloqueado la puerta de entrada. Aún hacemos duros esfuerzos por reparar los considerables daños ocasionados por la mano opresora. Grandes vidas se han apagado bajo el yugo criminal que debía haber caído ante el hierro de tu espada. El único consuelo que nos queda es que nuestras defensas han conseguido repeler la matanza, y confiamos en poder trarte en breve. Mantente alerta a las lunas llenas.

Con estas lacónicas palabras, el venerable anciano se despidió sin dar opción de pregunta, si bien ella no necesitaba hablar. Sus sospechas se habían confirmado. No había nada seguro; muchas víctimas habían caído para no volverse a levantar; y ella misma, si no traspasaba pronto el umbral, acaso sería una de ellas.

Se sucedieron otras tres semanas y llegó la siguiente luna; miró con atención al cielo, pero no obtuvo respuesta. El sabio le había advertido que atendiera a ese astro; mas no volvería a verlo en toda su plenitud hasta transcurridas otras cuatro semanas. El calor aumentaba; y, con éste, seguramente el número de muertes a manos de los invasores; y ella estaba ahí, atrapada, sin poder hacer nada por evitarlo.

La segunda luna también fue en vano. El firmamento ignoraba su mirada desafiante; no le daba respuesta a sus tácitas preguntas. Pensó en acercarse nuevamente al lado si la tercera luna también le era vana, mas no le fue necesario. A la noche siguiente de la segunda luna, el cielo se eclipsó; quedó sumido en una oscuridad opaca que se tragó al gran astro. Mas, de repente, alojada en la cueva, bajo la lumbre de la hoguera, vio que un resplandor se abría en el firmamento; y de entre la luz resplandeciente surgía un unicornio completamente inmaculado, que con vuelo seguro se dirigía hacia donde ella moraba. La joven, que se había llevado la mano a los ojos para atenuar aquel brillo refulgente, que había herido sus pupilas, aún sin recobrar una sonrisa que hacía años que no esbozaba, afectada por la guerra, recuperó la entereza.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

26-03-2018.

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5 comentarios en “UNA NUEVA ETAPA (CXVII)

      1. Moltes gràcies, Lídia, però he pensat en la possibilitat de fer talls; de fer una mena de raiuela (prenent com a exemple al mític Cortázar) i alternar històries. Aquesta avançaria més endavant.

        Le gusta a 1 persona

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