UNA NUEVA ETAPA (CXXVII)

-¿Qué tal el libro? Espero que ya hayas empezado a leértelo.

-Sí, claro; ya me he leído más de cien páginas. Anoche me acosté a las cuatro; estaba enganchada.

-¡Vaya! Veo que eres una lectora voraz, y que te encanta la fantasía.

-Sí. Los libros de fantasía me encantan; por eso me duran tan poco. Casi veo amanecer. Me levanté pasado mediodía; acabé empalmando el desayuno con la comida.

-Me alegra mucho que disfrutes tanto mi regalo, aunque te ocasionara ese pequeño trastorno.

-Tranquilo; estoy acostumbrada a acostarme tarde, aunque por razones bien distintas. Cuando mi hermana me vio desayunar a la una, empezó a burlarse. Pero no me lo tomé a mal, aunque me hizo rabiar. Estamos muy unidas.

-Eso es entrañable. Nunca he conseguido tener complicidad con mi hermano. Sé que me aprecia, pero por el modo que me trata, debido al tumor que tuve, me hace sentir diferente; y entonces la complicidad e hace imposible.

Lo siento; pero creo que ahora ya te tratará mejor. Has conseguido superar el primer curso de una titulación difícil; y en tu primer año has conocido a una chica muy guapa y muy lista que te quiere mucho y que está deseando comerte a besos.

-Sí; en eso te doy la razón. Al menos, en lo de muy guapa y muy lista. Y dime, ¿qué opinión tiene tu hermana sobre mí?

-Buenísima. No entiendo cómo ayer no me hizo callar. Me pasé toda la tarde hablándole de ti. Y tendrías que haber visto la cara que puso cuando vio el libro que me regalaste.

-¿Ella también es fan de Harry Potter?

-Fue ella la que me enganchó. Ahora la tengo impaciente; quiere que me acabe pronto el primer libro para que se lo pase.

-La suerte que tiene es que no te durará ni una semana; y antes de que se termine el primer tomo, ya te habrás acabado el segundo.

-Sí, pero lo más cruel para ella es que no estoy segura de querer dejarle los libros.

-¿Por qué? Es tu hermana; y me acabas de decir que estáis muy unidas.

-Sí; así es. Pero los libros son mucho más que libros para mí; son un regalo tuyo. No sé cómo explicarte, pero eso les otorga algo sagrado. Cuando los leo, no leo sólo la historia que en ellos se cuenta; también pienso en ti; en que es el primer regalo que me has hecho, al margen de los muchos momentos que hemos pasado juntos y de tantos abrazos y besos compartidos. Todas esas cosas se me vienen a la cabeza cuando veo esos libros, ese primer obsequio, que a su vez encierra entre sus líneas tantos recuerdos de nuestro primer año. La primera vez siempre es importante para mí; me marca en muchos aspectos. Por ejemplo, también sé que perdiste la virginidad conmigo; y eso, aunque sea una tontería, me halaga; y, al mismo tiempo, sé que para ti también fue importante. Por todo eso me da miedo dejarle los libros a mi hermana, porque para mí son sagrados, y temo que me haga algún estropicio.

-¡Vaya! ¡Menos mal que aborreces las películas románticas! Lo que me acabas de decir es muy tierno y romántico.

-Es posible, pero es sentido común. Esto no es una historia de caballeros y princesas, ni hay estereotipos de por medio. Hay un sentimiento, una lógica que me lleva a obrar así.

-Eso es muy hermoso; pero se trata de tu hermana. Creo que deberías ser más indulgente con ella.

-¡Pero es que es tu regalo! Además, me saca dos años; en el colegio y en el instituto yo usaba sus libros. Estaban rotos y rayados.

-Pero ahora será distinto, porque los libros son tuyos. De alguna manera se invierten los papeles; ahora tú eres la mayor. Además, puedes decirles que se los prestas a condición de que te los trate bien. Si le dices todas esas cosas tan bonitas que me has dicho a mí, estoy seguro de que lo comprenderá.

-No sé; no estoy tan segura. Las dos somos un desastre; cada una es especialista en una faceta del caos; y en su terreno es incuestionable.

-Ya me enseñarás la tuya.

-Te arrepentirás cuando la veas.

-Tengo una idea. ¿No has dicho que tiene muchas ganas de conocerme? Presentamela. Yo hablaré con ella para que sea más cuidadosa. Si hace falta, que se comprometa por escrito a devolvértelo intacto.

-Pero imagínate que me lo rompe. Por más que me comprara otro, ya no sería lo mismo. Para mí sería casi como si te ocurriera algo.

-Por más que te empeñes en negarlo y por mucho que te duela, eres una romántica. Anda, preséntame a tu hermana.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

11-04-2018.

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