UNA NUEVA ETAPA (CXXXIV)

Después de la dura discusión que tuve con mi hermana y de su reacción, mi cabeza necesitaba descansar. Por más que quisiera ver a Gabi, sabía que lo más oportuno, aunque fuera desilusionante para él, que recibiría mis palabras con cierto disgusto, sería enviarle un mensaje donde le pidiera aplazar la cita para el día siguiente. Le dije que me dolía la cabeza, sin más explicaciones; no me apetecía darlas, y él las tendría por buenas; entendería quizá que era algo hormonal, o efecto de la lectura. El primer motivo no era; y el segundo, aunque no se ajustara estrictamente a su suposición, sí que acertaba en el fondo. Y es que, después de tales gritos y trastornos, la migraña me estaba matando. Necesitaba meterme en la cama y olvidarme de todo.

Al día siguiente ya me encontraba repuesta de mis achaques; todo volvía a la normalidad, aunque mi hermana no me dirigía la palabra, y se comportaba casi como si no existiera. Gabi, como de costumbre, me había dado los buenos días; me decía estar preocupado, atento porque me mejorara, y me sugería que nos viéramos a la tarde si me encontraba con ánimos. Le respondí al momento para tranquilizarle; le dije que ya estaba mucho mejor y que rabiaba de ganas por verle; y concertamos la cita para las seis.

-¿De modo que toda la discusión derivó del libro?

-Sí.

-Cariño, eso es muy bello, pero no sé si es lo más correcto.

-Lo sé. Mi madre ya me dio una charla. Todos están alucinados con mi actitud; creen que me he vuelto loca.

-Me encanta tu locura -Dijo Gabi con una sonrisa amable. Esas cosas tan sencillas me hacían falta.-.

-¿Y ahora cómo está tu hermana?

-Bien; come, respira, tiene buena salud… Al margen de eso, tiene conmigo un cabreo de cojones. Está buscando por la red centros para enfermos mentales por Austria o Estados Unidos; me ha dicho que está dispuesta a compatibilizar la carrera con algún trabajo temporal para pagarme la estancia durante un par de años.

Gabi rió con ganas.

-Eres muy ocurrente.

-Fue de ella de quien nació la idea.

-Pues mejor me lo pones. Eso es señal de que, por muy enfadada que pueda estar, conserva el sentido del humor. Si se permite bromear sobre tu supuesta locura, eso es porque en el fondo tiene ganas de retomar el trato.

-Ya, pero ¿cómo lo hago?

-Ve a su cuarto y le dices que quieres hablar con ella; pídele perdón por haberle destrozado el libro y dejaselo. Además, después de una discusión tan fuerte, que os ha hecho a las dos pasarlo tan mal, ya tiene que haberse dado por enterada de lo mucho que te importan los libros; y más con ese discurso tan romántico. Ahora lo cuidará mucho.

-Sí; tienes razón. En el fondo me sigue dando reparo, pero creo que esta vez debo tragarme mi orgullo y ser la que dé el primer paso.

Era un tanto curioso. El amor sentimental y el fraternal eran perfectamente compatibles, pero yo me sentía en una especie de encrucijada. Aunque ninguna de las dos personas me había obligado a elegir, por Gabi había puesto en peligro a mi hermana, aunque él no lo quisiera; y por él iba a retomar la relación, a pesar de mis neuras.

Me despedí de Gabi y salí de mi cuarto dispuesta a hacer lo acordado. Quería atajar lo antes posible esa tensión que me hacía tan mala sangre y que me revolvía el estómago; volver a reír con mi hermana y hablar de todo, sin que entre nosotras hubiera secretos; pero al momento pensaba en Gabi y en los libros, y me decía que no sería mala idea pasar una temporada en Viena con los gastos pagados.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

19-04-2018.

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