UNA NUEVA ETAPA (CXLV)

-Mama, ¿qué has hecho? ¿Cómo se te ocurre cocinar potaje?

-Hacía mucho que no lo hacía. No os ha gustado?

-Estaba buenísimo, señora.

-Ves, nena, a Gabi le ha gustado. Lo veo demasiado bueno para ti. ¿Cómo lo has conseguido?

Preguntó cándidamente, aunque algo dentro de mí me decía que en sus palabras no había tanta ingenuidad como podría haber supuesto alguien que no conociera a mi madre; sino que, antes bien, se trataba de una broma maliciosa, formulada con donosa picardía, con ese carácter tan astuto que es propio de las mujeres de mi familia. Mi hermana, por supuesto, se retorcía con exageradas carcajadas.

-Estaba de oferta. Lo compré en la sección de tíos maravillosos para chicas solitarias con hermanas cabronas, pero ponía ejemplar único.

-Lo dices como si fuera un unicornio o un centauro -intervino Sara, con palabras entrecortadas por el ataque de risa.

-Más, o menos, con la diferencia de que ni centauros ni unicornios han existido nunca, y a Gabi lo estáis viendo.

-Ve con cuidado, Gabi; mi hermana te considera una reliquia. Cualquier día te diseca.

-Tú siempre tan bruta. Ahora cree que soy una psicópata, o algo menos; y todo porque le he dicho que si un tío matara a mi hija, yo iría a por él. No sé. Yo lo veo normalno me gustaría que estuviera en la cárcel un par de años, y además viviendo a costa del Estado. Ese dinero estaría mejor empleado en otras cosas, como sueldos de funcionarios y pensiones. Un asesino en la cárcel es un parásito social; y los maníacos sexuales, además, suelen ser reincidentes. Al poco tiempo de recobrar la libertad volverán a las andadas.

-La verdad es que es un tema peliagudo -dijo Gabi-. Dostoievsky lo presenta en Crimen y castigo; ahí el protagonista se plantea hasta qué punto merece vivir una vieja usurera que cobra alquileres muy altos. El protagonista resuelve que matarla no sería verdaderamente un crimen, por cuanto el mundo estaría mejor sin ella, y la mata, pero tomando todo tipo de precauciones, por supuesto; pues sabe que, aunque su acto esté justificado, o así lo sienta él, al menos, la sociedad no lo verá así, y empezarán a investigar el asesinato. Y es en ese punto donde comienzan los remordimientos del protagonista. La novela está muy bien escrita; es muy psicológica.

-¡Vaya! ¡Además de ser un encanto, es un chico culto -volvió a intervenir mi madre-!

-Ya os dije que era un ejemplar único.

-Bueno -dijo mi padre, cortando las adulaciones con su comentario, siempre al margen de todo, como si nos trajera a ese mundo en que sólo él vivía-, creo que un poco de café ayudará a la digestión. ¿Quién quiere?

Todos asentimos en aquella idea. Mi padre, quizá aliviado de poder desconectar de la charla, se metió en la cocina para prepararlo.

-¡Ah! ¡Casi se me olvidaba! Si vamos a tomar café, creo que debería darles algo.

Dijo Gabi, y salió presuroso hacia mi cuarto. Me gustaba verlo tan animado y con aquella confianza. Regresó al cabo de unos segundos con la caja de bombones y se la entregó a mi madre.

-Creo que acompañarán bien al café. Espero que no se hayan derretido.

-Muchas gracias. Es todo un detalle. La verdad, nena, creo que no te mereces un chico tan bueno.

Volvió a decir mi madre con una amplia sonrisa, mientras mi hermana reía. Yo pensaba en quién era, en quién había sido, y me preguntaba si mi madre estaba en lo cierto; si acaso yo no merecía a alguien así.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

03-05-2018.

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