UNA NUEVA ETAPA (CLVIII)

De todos modos, procuramos abstraernos y olvidarnos de todo. Pasamos ahí varias horas en una falsa intimidad, quebrada por el natural ruido que armaba la gente y por las visitas de cortesía con que nos obsequiaba Estela siempre que podía. Con su bondad espontánea me demostraba lo orgullosa que se sentía de ver que su reprimenda del día anterior había surtido efecto, y me sonreía satisfecha de ver que volvía a aparecer por su negocio tan temprano de nuevo, con tan buena compañía.

Sin embargo, donde de verdad nos hallaríamos cómodos sería en la calle, ya rodeados por aquel aire puro, aunque cálido; lejos de aquel ambiente cargado de taberna, respirando el dulce aroma del silencio y de la calma, sin las báquicas exclamaciones a que exhortaba el patrón San Miguel. Ahí todo era paz; una paz que nos hacía gozar más el uno del otro a cada paso, aún cuando ninguno cortara con palabras los murmullos sordos de la noche, precisamente porque nos complacía escuchar sus susurros, sus cómplices voces, que compartían con nosotros sus misterios con aquel lenguaje secreto; el lenguaje que sólo entienden los verdaderos amantes.

De manera casi mecánica reemprendimos el camino de la muralla. Es cierto que nada más quedaba por ver en mi pueblo, pero el motivo central de esa dirección era el simbolismo que encerraba; la pasión, el romanticismo y la lujuria -incluso- que se escondía entre aquellas ruinas. Aquéllos eran sentimientos compartidos; aunque yo, por mi parte, hacía aquel viaje con una razón que no podía desvelar si no quería malograr la hermosa cita; ya había suficiente con el violento altercado durante la comida. Aquel rostro de la noche anterior quizá se me apareciera de nuevo; entonces no tendría duda; no sería sólo una coincidencia. Sabía que querer abordar asunto semejante, en vez de centrar la atención en mi novio y olvidarme de todo lo demás, era una locura; pero era como una fuerza superior a mí, que me impelía a cometer tal extravagancia.

Y ahí estábamos de nuevo ante los restos de la muralla, frente a frente, mirándonos y sonriendo; y yo, por increíble que parezca, con la mente dispersa, aguzados todos los sentidos, para asegurarme de que estábamos solos y que nadie más se protegía al amparo de la noche. Gabi nada extraño vio en mí, o al menos eso creo; no hizo ningún comentario al respecto. En cuanto a la sombra que esperaba hallar, esa risita que quería volver a escuchar, no hizo acto de presencia; y su pongo que fue por ello que Gabi no notó nada, porque no me alteré por ningún ruido. Ahora bien:si la repetición de la escena de la noche anterior habría servido para sacarme de dudas, la ausencia de la misma no significaba que descartara mis sospechas. Sorprendida por mi presencia, la otra persona, que en su momento se había reído de una manera entre burlona y nerviosa, ahora había tomado la precaución de alejarse del cuerpo del delito.

Regresamos hacia la misma hora que la noche anterior. Yo, que había iniciado el día con esa visita tan romántica de Gabi a mi cuarto, acompañada por sus caricias y sus besos, había pasado por un momento de gran exaltación pocos minutos después; pero, ya más tarde, de nuevo a solas, recobraba la calma. Mis nervios parecían alterados, sometidos a extremos. Me sentía agotada. En cuanto entramos en casa di la vuelta a la llave, con la esperanza de que no se repitiera el terrible susto de la primera noche, y me acosté.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

21-05-2018.

2 comentarios en “UNA NUEVA ETAPA (CLVIII)

    1. Lídia, per favor, que no em vaig a molestar per cap sugerència que em facis. Els diàlegs, com ja em digueres una vegada, donen major sensació de realitat i més agilitat a la lectura; però per a mi encara són una assignatura pendent; tinc que practicar més per vore’m en eixes situacions i desenvolupar les converses.

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