UNA NUEVA ETAPA (CLXV)

Aquella tarde volvió a la insulsa realidad de siempre; a una comida silenciosa, como la del día anterior, y a que cada uno continuara con su rutina; o a que lo hiciera yo, al menos. En cuanto al resto, imaginaba que no notarían el cambio, pues sus vidas habían seguido prácticamente igual durante aquellos tres días.

Fue después de comer cuando decidí poner fin a toda aquella intriga y hablar abiertamente con Sara.

-No tienes secretos para mí. Sé que estás saliendo con Luis.

Le solté a bocajarro cuando entré en su cuarto, sin llamar siquiera, para que el impacto fuera mayor y no darle tiempo de reaccionar. La vi echada en la cama boca arriba. Se incorporó de un brinco y me miró con los ojos desorbitados, como si se le fueran a salir de las cuencas.

-Pero tía, ¿qué coño estás diciendo?

Sara, déjalo ya. ¿Te has creído que me chupo el dedo? ¿Crees que no te conozco y que no me entero de las cosas?

-¿Pero de donde te sacas que estoy saliendo con Luis?

-Estela me lo ha contado. Podrías haber pensado que Gabi y yo iríamos a cenar a su bar.

-¡Será cotilla!

-Estela no me ha dicho nada, tonta; me lo acabo de inventar; y tú has sido tan idiota que has picado. Ni te has esforzado en negarlo.

-¡Serás zorra!

Si a mi hermana le gustaba hacerme rabiar de vez en cuando, yo siempre me guardaba sus perrerías para devolvérselas; y lo más divertido era la ingenuidad que mostraba en ciertos casos, como en el referido. Era sorprendente la facilidad con que mordía el anzuelo. ¿Y ella era la mayor? Creo que eso era otro factor que contribuía a humillarla y a enfurecerla más. La carrera y las series policíacas, aunque malas, me daba alguna idea de cómo burlarla; pero es que la manera era muy simple, y ella apenas oponía resistencia.

-¿Cómo querías que no me enterara? Cuando hemos salido con chicos siempre nos lo hemos contado todo; y, de repente, todo ese misterio. El año pasado me viste mal después de quedar con Luis; te conté que este curso me acosté con él. A saber la película que te montaste, que pensaste que era mejor callártelo. Creíste que me iba a molestar.

-Y te ha molestado.

-¿Por qué dices que me ha molestado?

-Se te nota.

-Lo que me molesta no es que salgas con él, sino que intentaras ocultármelo.

-¿Estás segura?

-Vamos a ver, Sara: quedas con Luis todo el verano, no me dices nada; el viernes te sorprendo en la muralla; tomas de excusa la visita de Gabi para regresar a casa más tarde; me lo niegas todo delante de los papás. ¿Te has creído que soy idiota? No has sido legal. Por culpa tuya necesito un certificado de cordura.

-Está bien; perdona. Me he pasado. Pero tenía mis razones. Como has dicho, has tenido una especie de aventura con Luis. Temí que te molestara, a pesar de que ahora estás con Gabi.

-Entonces, ¿tenías el temor de estar haciendo algo que no debías, y aún así lo hacías? Bueno, eso tampoco es demasiado legal, la verdad.

-¡Ye tía, dame un respiro! Tú sabes que no tenías motivos para enfadarte; que lo tuyo con Luis ya había terminado hacía tiempo; y que ahora estás muy bien con Gabi.

-Entonces, ¿cuál era el problema para que no me lo contaras?

-¡Joder, tía, no es fácil de explicar!

Luis. Otra vez Luis. Era un buen tipo, pero no podía evitar que su presencia en mi vida me incomodara. Me sentía como si tuviera un grano en el culo; o aún peor. El grano tarde o temprano revienta; y, hasta ese instante, todo se resuelve apoyando el peso sobre la otra nalga. Pero este grano, la verdad, ya empezaba a escocerme.

Autor: Javier García Sánchez,

28-05-2018.

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