EL SECRETO

(Reto de Alejandro González Forester).

Durante mucho tiempo he callado una verdad que ignoras.

 Con arduo esfuerzo de mi alma valerosa he aplacado las palabras y he cultivado el más estricto silencio, por más que ello me doliera. Acaso sabía que incubaba en lo más hondo de mí misma una profunda agonía, una gran desdicha; que alimentaba con mi mutismo mi posterior condena. No sé si fue orgullo, o deseo de castigarme por errores pasados; ansias por ejecutar la pena o vergüenza por mis propias faltas. Pero, fuera cual fuere el motivo, elegí dar muerte a lo nuestro; echar montones de tierra encima de una historia que nos llenó a los dos de esperanza y nos hizo gozar una dicha que un día tiempo ha creímos eterna. Acaso sentí que no te merecía; acaso sentí que eras tú quien no me merecía. 

Un día se acabaron las risas. Me alejé tan presta como había llegado; pero, las palabras que nunca te diré, el sagrado secreto que me acompañará a la tumba cuando mi corazón se pare, cuando mi cuerpo perezca, es que, a pesar de que desapareciera la magia; a pesar de que fuera yo quien decidiera escribir el último capítulo de nuestra historia y abrir el grifo de nuestras lágrimas, nunca he dejado de pensarte y de amarte; y que, día tras día, la angustia que siento me reconcome por dentro. 

Sé que en las frías noches de invierno, agazapada en el lecho, sentiré estremecerse mi corazón y que lloraré tu ausencia; que echaré de menos esos abrazos que calentaban mi cuerpo y esos besos que me embriagaban; esos momentos íntimos que tantas veces compartimos, las cómplices carcajadas en la playa, las graciosas carreras por la orilla del mar, cuando me dabas ventaja para luego atraparme con simulada fiereza y caer por la arena, yo lanzando un grito de sorpresa, tú riendo por mi estupor; luego levantarnos completamente embadurnados y correr de nuevo para limpiarnos en el agua la tierra que se nos había adherido; sentir tus dedos ensortijados entre mis cabellos, que acariciaras con dulzura mis mejillas; que me miraras con pícara perversión los senos; que luego me clavaras tus tiernas pupilas hasta hacerme enloquecer con su brillo enamorado, para acabar uniendo nuestras bocas, mientras las manos recorren ávidas nuestros contornos; estrecharnos cada vez más el uno al otro, libres de las finas telas que pocos segundos antes cubrían nuestros respectivos tesoros y unirnos hasta ser uno solo…

Sé que nada de eso volverá a ocurrir, y que en su lugar acudirá la nostalgia a cubrir el hueco que mi actitud suicida ha horadado. Cruel homicidio contra mí misma cometido. Acaso por amar inconscientemente ese otro estado; por anhelar esa suprema renuncia, acto heroico, acaso locura, y llevarlo a cabo siquiera como un mero ensayo; abatir sobre mi espíritu los puñales de tu marcha, y aguardar silenciosa que cayera la última gota de sangre, que expirar el último aliento, resignada a mi destino, asumiendo de mis actos cumplido castigo.

Si leyeras esto me dirías que la solución sería olvidarte o abrir una segunda parte de aquella aventura; mas a ello te daría como respuesta que prefiero que esta punzante pena me siga devorando, y que sean tu imagen y tu recuerdo las que me acompañen al sepulcro. El remordimiento será mi losa, pero así lo quiero. Éstas eran las palabras que nunca te dije, las palabras que nunca sabrás. Éste era mi secreto.

Autor: Javier García Sánchez,

desde las tinieblas de mi soledad,

17-04-2018./09-06-2018.

2 comentarios en “EL SECRETO

    1. Sí; tal vez sí. Pero también creo que en la vida muchas veces nos conducimos guiados por fuerzas opuestas, muchas veces absurdas, incluso autodestructivas. Es la eterna pulsión entre los instintos de bíos y de thánatos que menciona Freud. Comprendo la necesidad de aprovechar el momento; pero ésa es una decisión que no puede tomarse en todas las ocasiones; las circunstancias ambientales y personales pueden influir.
      Muchas gracias, Estrella. Un abrazo.

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