UNA NUEVA ETAPA (CLXXII)

-Dice mi hermano que te gustan los mangas.

-Sí; es un vicio que se me ha pegado de mi hermana. Ella es dos años mayor que yo; tiene en su cuarto una estantería llena de mangas y de libros de ficción. De pequeña, cuando vi esas revistas con esas ilustraciones tan sugerentes, me enganché. Todo lo malo se contagia.

-¿Malo? Leer mangas no es malo. Yo también he leído.

-Sí, pero creo que el que tú dices no le gustará -intervino Gabi-.

-¿Cuál?

Bola de dragón. Es también ficción, obviamente, pero muy distinto de Cuaderno de muerte, por ejemplo. A mi hermano le encanta. Hicieron una serie en televisión y la vimos juntos.

-Lo sé. He intentado verla, pero no va conmigo.

-Lo sabía.

Aquella primera vez transcurrió de la manera típica. Todos querían conocerme; y me hicieron continuas preguntas, tal como le ocurriera a Gabi. Su madre quiso escuchar de mis labios la versión de cómo nos habíamos conocido, a pesar de que su hijo ya se la habría contado; e intuyo que no una ni dos veces, sino muchas; y no tanto porque a él le gustara recordar aquello, que supongo que le encantaría; sino porque aquella señora -a todas luces se podía apreciar- era una romántica empedernida, que fantaseaba oyendo aquella fabulosa aventura. Viendo esa naturaleza tan buena, pero al tiempo tan tosca e ignorante, no habría podido adivinar, ni sospechar siquiera, que se ganara la vida como profesora de lengua y literatura españolas en el mismo instituto donde Gabi había cursado tres de los cuatro años de secundaria.

El padre, también docente, impartía clases de filosofía en otro pueblo más pequeño, y debía desplazarse a diario para ello; mas no parecía incomodarle. Fue el más discreto. Entonces veía confirmarse aquel patrón que había observado en mi familia, cuando la semana anterior mi padre apenas hablaba, a pesar de la visita tan inusual. Al buen hombre yo le miraba con respeto. Gabi me había hablado muy bien de él; era un tipo muy inteligente, que siempre se había preocupado mucho por mi novio; y que, según comprobaba, le había transmitido todas esas inquietudes y ese afán por los libros , por debatir, por rebatir… Y me llegué a cuestionar si había alguna otra cualidad que no hubiera hallado en el hijo, pero que me la descubriera aquel venerable hombre.

En cuanto al hermano, había sacado la lengua de la madre; no callaba ni aunque tuviera comida en la boca. Flanqueada por él y por mi chico, como una semana antes lo estuviera él por mi hermana y por mí, yo tenía que pasar por aquel interrogatorio acerca de mangas, de Marvell o de Laura Gallego García, mi afamada tocaya. Marcos -así se llamaba- quería mucho a Gabi, por lo que tenía entendido; pero en gustos y en fisionomía eran completamente distintos. Si mi chico era un apasionado de la historia y le encantaban los asuntos relacionados con la psicología, la filosofía y todo lo que hiciera razonar, Marcos prefería la ciencia ficción; si Gabi era romántico, en su hermano no había ni asomo de esa sensibilidad tan aguda que tenía mi novio; si éste, de estatura algo inferior a la mía, estaba excesivamente delgada, el otro, que era como yo, presentaba la típica curva de la felicidad de los buenos comedores; si uno se había metido en derecho, el otro ya preparaba oposiciones para ser profesor de inglés.

Aquélla era casi como la vez que estuvo Gabi en mi casa; pero no podía ser exactamente igual. Era obvio que él había pasado por una situación embarazosa, como la pasé yo; pero yo, a diferencia de él, era una chica; y era consciente de mi atractivo. Durante aquella comida sentí cómo el hermano y el padre me tasaban de una manera impertinente y escandalosa; me recorrían desde los ojos hasta el escote, y si no descendían más era porque la mesa se lo impedía. Pero… ¡¿Acaso nunca habían visto una mujer!? El padre tenía dos hijos, y estaba casado con una, que estaba ahí delante, además, y me miraba con cara de estúpida. ¿Había infringido las reglas del decoro? ¿Iba demasiado fresca? La verdad es que hacía un calor espantoso. ¿No podía vestirme sin parecer un pedazo de carne? Pensé en la primera vez que la madre de Gabi me tasó por la cámara. Comparado con lo que sentí durante la comida, aquello no había sido nada.

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